En la búsqueda de una axiomatización de las Ciencias Sociales

  • 26-07-2023 |
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Tensión de preservación y olvido en el procesamiento mimético y dinámica entrópica 1.

Introducción

En el siguiente ensayo intentaremos realizar un desarrollo articular, exigiendo cierta indeterminación de patrones conceptuales para intentar aunar nociones que impactan en las diferentes perspectivas epistemológicas sociales desde analogías operacionales. Esta exigencia se debe a que consideramos que el gran inconveniente para una axiomática de las ciencias sociales se encuentra en la multiplicidad de lo real y su dificultad de dirimir lo semejante. Creemos que el estudio de lo mimético, la preservación y el olvido, desde el enfoque simondoniano de individuación y conceptos tales como tensión de información, eficiencia, teratología, mundo tecnogeográfico y tecnofanía, puede ayudarnos a lograrlo.

La simple ecuación de «1+1=2», en determinados momentos, nos servirá de guía. Sin ahondar en los estudios platónicos acerca de identidad y participación de lo Uno, nuestro punto de partida será el segundo uno en cuanto mímesis del primero. Asumimos que el primer uno es una entidad clara y suficiente. Si prestamos atención, cuando resolvemos la ecuación hay un lapso, similar a un salto, que no solemos plantearnos. Será en ese punto del ejercicio que los términos se desdiferencian para luego corresponderse y fusionarse en algo distinto que se legitima en el «es igual». Podemos caracterizar a este salto como una cuestión de fe2. El segundo uno se metaestabiliza permitiéndonos acceder a la cristalización «dos». Aceptar este movimiento nos lleva a una complejización extrema de correspondencias; la díada se abre. Aceptar la igualdad y diferencia de dos elementos tan sencillos como los puntos en cuestión, multiplica exponencialmente la percepción y permite una trascendencia. Luego, de dos puntos, nacerá la línea; un tercer punto dará curso al triangulo. Los términos se relativizan y la tensión se torna tridimensional. Mediación y vínculo; «concordia discors».

Podemos nutrir esta noción con un pasaje platónico. Siempre hay un pasaje platónico. En «La República» 436b-e, Sócrates afirma que «una misma cosa nunca producirá ni padecerá efectos contrarios en el mismo sentido. De modo que, si hallamos que sucede eso en la misma cosa, sabremos que no era una misma cosa sino más de una». Inmediatamente después, ejemplifica, en segunda instancia, con un trompo girando sobre eje. El trompo, también nos servirá de guía. Dependiendo de la referencia, conforme al eje o su circunferencia, sería posible afirmar que se encuentra quieto y en movimiento al mismo tiempo. La resolución de la supuesta paradoja de estados nos revela la existencia de diferentes planos: la perspectiva diversifica lo mismo; debemos ver de diversos modos. Tenemos: eje, circunferencia y trompo. Tenemos quietud y movimiento; tenemos un trompo. Tenemos pregunta y relación; referencias. Observamos. Emerge el tertium y comienza a tensionar. Incongruencias que nos llevan a suponer una secuencia organizadora. Aquel tercer punto, del cual emergen tensiones, ángulos y triángulos, podría tener la capacidad de mediar. Término de equilibrio. 1+1=2; condensación de supuestos: el segundo uno media 1-2; el dos media 1-1.

Para nuestro desarrollo será importante reconocer la mediación como un conjunto dinámico de relaciones independiente y distinto de las entidades que relaciona; el argumento del tercer hombre platónico nos acecha alienante. Debemos tener en cuenta que, por un lado, la razón, en cuanto a comparación en términos proporcionales, conforma y fortalece las estructuras. Lógos; análogos. Por otro lado, lo irracional, aquello que no puede expresarse de manera exacta ni periódica, podrá servirnos de andamiaje para dar el salto. El álogos, un descubrimiento de gran magnitud que significaría «una revolución del pensamiento» (Jiménez, 2006), cual aproximación matemática, puede darnos un equilibrio metaestable: representación inexacta, pero lo suficientemente fiel para que resulte de utilidad3. La aproximación, no veda comunicabilidad.

Tras la aceptación de la primera dualidad, parece que todo se hace más fácil. La repetición y representación a escalas algorítmicas devela que no lo es. Podemos hilar fino. Muy fino. ¿Qué sucede si cada individuo que ha visto algo bello ha visto a otro individuo que ha visto algo bello? ¿Qué sucede si cada observador, en su propio estado de superposición, podría percibir a otros observadores en estados de superposición?4 Sin axioma, parece ser, no hay estructura; todo nace constantemente.

Del intérprete

La figura del intérprete tiene una preponderancia notable en el ejercicio social tal koinonía. Es interesante el desarrollo que hace Magnin (2023) al respecto, diferenciando acepciones etimológicas del concepto «profeta». Al referirse a los profetas, afirmará el teólogo pop argentino, la cultura hebrea lo hace con el término de «Nabí», refiriéndose a quienes reciben un mensaje y deben comunicarlo fielmente. El nabí, no realiza ejercicio de metabolización alguno. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la utilización del término para señalar la práctica de Aarón a quien, Moisés, «pondrá en la boca las palabras» (Ex. 4 14:16). El ejercicio de estos mensajeros que ponían su cuerpo para comunicar, en ocasiones, la voz de Dios, a diferencia de lo que se suele concebir como profético, no se centraba en la práctica adivinatoria o anticipatoria: solo el 5% de los escritos proféticos en el antiguo testamento tienen esta característica (Magnin, 2023). Sin embargo, el término fue traducido al griego como «prophétes», tomando connotaciones propias de esta cultura. Magnin nos señalará que los griegos «veían a los profetas, sobre todo, como intérpretes, como traductores para leer la curiosa voluntad de los dioses»5. Hay mucha literatura sobre el tema: sacerdotisas, sacerdotes, Delfos. Esta diferencia será sustancial en el desarrollo de estas páginas.

En Anales de Filología Clásica Nº24 nos encontraremos con un texto de Basile que nos invita a recorrer la figura del «histōr iliádico». Cuando se originaba un litigio de difícil resolución, las partes solicitaban la intervención de dicha figura para obtener un término (peírar). Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la «carrera de carros» de la Ilíada (XXIII, 488-508), donde Agamenón se investiría como tal. Basados en la lectura de dicho canto, podemos deducir que el histōr debería contar con cierta autoridad inter pares y actuar dentro de un fuero más bien contingente que institucionalizado. Mientras avanza la indagación de Basile vemos que el histōr parecería ser más que un testigo, pero menos que un juez. Su cualidad central sería la de atestiguar o dar fe de lo sucedido, preservando el logos del olvido, contrariando la sugerencia etimológica, sin necesidad de una observación directa: «su atribución radica, más bien, en una potestad in praesentia de dar fe (rubricar/atestiguar) en virtud de su capacidad privilegiada de “oír” en circunstancias y de modos diversos» (pág. 13). Enfatizo: será la preservación o resguardo del logos lo que le permitirá determinar la verdad. En este contexto, la alétheia no se contrapone a la falsedad, sino al olvido (lethe) (pág. 40). El olvido no permitiría recrear lo real; la entropía, como medida de la información perdida en la evolución de un sistema, aumenta.

La indagación en base a los «testimonios» preservados, nos revela las intersecciones comunes tal como podría manifestarse una pirámide en punta a un agente 2D: primero un punto, luego un pequeño triángulo que aumenta de tamaño hasta desaparecer. Sin un ejercicio de registro-logos, hacer-común, más allá de posibilidades de reconstrucciones mentales, la participación de ciertas ideas sería impracticable en nuestra cultura: las figuras planas se sucederían sin comprender o suponer que conforman algo más y la estructura se desvanecería o se nos mostraría inexplicablemente cambiante. Trompos.

En sus consideraciones finales, el autor reflexiona:

«La presencia del histōr permite una mediación en un conflicto de intereses en la medida que detiene en el presente (en forma de “testimonio”) dichos del pasado, preservándolos y proyectándolos hacia el futuro, cuando será finalmente dirimidos. Es decir, la intervención del histōr introduce las tres dimensiones temporales – pasado / presente / futuro- en el continuo presente (potencialmente violento) de la oralidad» (Basile, 2011, pág. 41).

Podemos considerar que la mediación del histōr se ejerce como preservación tras la racionalización de incompatibilidades, desvinculando hechos del hic et nunc: en acto presente, metabolizaría el flujo temporal relativo de las partes, deteniendo, anche rompiendo, el hic et nunc, ralentizándolo o, porque no, concretizándolo, para reinsertarlo en una indagación pormenorizada posterior. Cosmos; turbación, logismos, término. Su ejercicio se asemejaría a programas informáticos compiladores o intérpretes: el histōr recibiría un «código fuente» para traducirlo a un «código objeto» que, luego, un juez, o quien corresponda, llevará adelante. Análisis y síntesis. Una de las diferencias entre programas compiladores e intérpretes, es que, el primero, traduce todo el código de una vez, mientras que, el segundo, lo hace línea por línea, según necesidad. Tal vez, al ser la instancia del histōr necesaria y contingente, podríamos acercarlo al segundo.

Podríamos realizar, también, cierta analogía con la disparidad binocular que tantas veces trae a colación Simondon. Recordemos que, de ella, tras operar sobre el grado de no-coincidencia, resultará el escalonamiento de los planos y la percepción 3D: «incompatibilidad y sobresaturación resultan evitadas si descubrimos la dimensión de desvinculación de los planos en profundidad» (Simondon, 2015, pág. 506). Es tarea del histōr descubrir esta dimensión de desvinculación entre los diferentes ejercicios de temporalidad que deberá identificar, diferenciar y desdiferenciar para su procesamiento y posterior amalgamación en una configuración común; colapso de una superposición de ejercicios temporales que se tornaron incompatibles, metaestables. Neguentropía.

En nuestros tiempos, ligados al análisis de Agamben en su libro «Estado de excepción» (2019), se torna sumamente interesante ahondar en este tipo de instancias de contingencia. El status necessitatis, escribirá Agamben, tanto en la forma de estado de excepción como en la revolución, se presenta como un umbral en el cual hecho y derecho se vuelven indecidibles (pág. 72). Umbrales de indecidibilidad en el cual ius y factum, nomos y vida, se confunden el uno con el potro. Luego, bastante más abajo en el texto, tras anunciar al estado de excepción como el punto máximo de tensión entre dos fuerzas opuestas en el campo cultural, una que instituye y pone y otra que desactiva y depone, el autor sentenciará que «la articulación entre vida y derecho, anomia y nomos producida por el estado de excepción es eficaz pero ficticia» (pág. 164). El trompo vuelve a girar. Lo anterior a esta distinción, continuara Agamben, nos es inaccesible fuera de la ficción de su articulación: la posibilidad de distinguir anomia y nomos es dada, justamente, por ella y por el trabajo que, desenmascarando esta ficción, separa lo que se había pretendido unir. Al respecto, nos advirtió Platón: «todo lo atado puede ser desatado, pero es propio del malvado el querer desatar lo que está constituido de manera armónicamente bella y se encuentra en buen estado» (Tim. 41a-b); diábolo, símbolo. Mientras tejemos la nuda vida, se comienzan a resquebrajar los comportamientos que han sido tallados y demarcados en piedra, metabolizaciones concretizadas de la contingencia. Este sentido de articulación se ejerce como instrumento de nitidez tal resolución angular: permite la observación y distinción de formas, anteriormente, inaccesibles.

Avanzando sobre la naturaleza de la articulación mediadora del histōr, podemos clarificar conceptos a través de la siguiente cita:

«El pensamiento analógico establece una relación entre dos términos, ya que el pensamiento es una mediación entre dos términos con los cuales tiene, separadamente, una relación inmediata […] el pensamiento deviene el metaxú operatorio de seres sin relación ontológica ya que no forman parte del mismo sistema natural de existencia» (Simondon, Allagmática, 2015, pág. 475).

Las tres dimensiones temporales que el histōr introduciría -o reintroduciría- al hic et nunc (continuo presente), no son resultado de la observación directa, sino de una búsqueda de ratio y fijación del logos devenidos de su capacidad de oír de modos diversos; pensamiento analógico. Así, el «corte en el “eterno presente” de la oralidad» que menciona Basile (pág. 41), semejante al metaxú aludido por Simondon, en realidad, continúa operando en la figura del histōr en cuanto ámbito de convertibilidad (Simondon, 2015, pág. 478); black box. No hay corte en el eterno presente, solo una readaptación de esquemas en la cual, ciertos contenidos, elementos y acciones, resultarán, al menos parcialmente, reincorporados. La articulación del histōr, si bien eficaz, tal como podemos leer en Agamben, es una ficción; imaginario. Sin embargo, aquello que dicho esquema articulatorio ha dirimido, permitiendo diferenciar elementos que se tornan virtualmente separables, no lo es. Este movimiento guarda similitudes con la introducción de la unidad imaginaria ( (−1) o «i»): aceptando su existencia, resolvemos muchos problemas. «i», sirviendo de andamiaje «imaginario», nos permitirá acercarnos a lo real o a una secuencialidad coherente; útil. Artificio conceptuoso; la diversidad y distinción nos permiten acceder a los principios explicativos de la variedad y el movimiento (Covarrubias Correa, 2016). Yendo a nuestra ecuación introductoria, el dos, resultado de una diferenciación, desdiferenciación y posterior fusión de ambos unos, recuperará ciertas propiedades e identidad digital, cierta participación en las formas, que cada uno de ellos tenían anteriormente. Lo imaginario media.

Llegando a este punto del desarrollo podemos reconocer, claramente, tres condiciones en la operación del histōr: un conflicto entre pares, una mediación y una capacidad real de dar término al conflicto. Estas tres condiciones se podrían relacionar, operacional y respectivamente, con las tres condiciones propuestas por Simondon para la transducción: un medio en estado de sobrefusión o sobresaturación, la incidencia en ese medio de un germen estructurante y una relación de comunicabilidad para que dicho germen puede propagarse. El histōr, desencadenando procesos de diferenciación y organización, introduce una nueva dinámica que permite la emergencia o regreso de la koinonía. No cualquier mediación dará término al conflicto, sino que, como en la relación germen – campo, debe existir una relación analógica entre las estructuras latentes en el campo y la estructura provista por el agente para evitar una desadaptación. Principio ordenador, el histōr tiene poder emulsionante: como la lecitina en la yema de huevo que cubre las gotas de aceite, dispersadas según necesidad, favorece su unión con el jugo de limón, permitiendo mezclar lo que no se mezcla. «No es posible unir bien dos elementos aislados sin un tercero, ya que es necesario un vínculo en el medio que los una» (Platón, Tm. 31b). Tridimensionalidad; trascendencia y acceso a esa dimensión del cambio, la temporal, de forma ordenada; orden implicado, simetrías y asimetrías, restricción común. Integración del padre, logos, nomos en identificación proyectiva. Donde hay oposición, hay estructura. Procesos de desdiferenciación pre-integración, estados pre-edípicos que pasan a ser edípicos.

Sobre el ejercicio armónico tridimensional de la vida inextinguible, Platón escribe: el dios dividió proporcionalmente y después unió los tres elementos que la componen: la naturaleza de lo mismo, la de lo otro y el ser (Tm. 36e-37). La relación tiene valor de ser. Turbación, logismos, término. Entrada, proceso, salida. Emulsión. Supuestos devenidos de la aceptación de aquel 1+1=2, legitimado, en nuestro caso, por la solicitud de mediación por parte de los involucrados; necesidad de la inteligencia. Procesos de concretización.

El histōr, eje de esta sección que termina, parecería jugar con cierta paradoja en su actuar, siendo capaz de apreciar, a través de una acumulación indagatoria, la pronoia de los hechos en conflicto desde un ejercicio temporal posnoia para proyectarla hacia el futuro. (Fíjese que, por el momento, evitamos la noia en tanto para; delirio.) Al no suceder en un terreno ontológico común, se evita la contradicción o paradoja temporal. Esta acumulación nos brinda la posibilidad de comparar, organizar y condensar, nos manifiesta una trama secuencial cuando, en realidad, su naturaleza sería cuántica; puntos de indecidibilidad, estados fusionales, superposiciones de estados y perspectivas que colapsan en su intersección común. Restricciones, transformación y regulación. La inteligencia persuade a la necesidad. No se niega la continuidad, sino que se reconoce cuantificada. Por momentos, tal vez inducido por articulaciones ficticias pero necesarias, el sentido común parecería contar con una ilustración errónea del fenómeno real6. Pronoia histórica, armonización indagatoria. En forma de conductas de anticipación, el presente colapsa en el pasado y el futuro nunca llega7, o «llegó, hace rato». Medida; peírar. Colapso en restricciones y configuraciones comunes: el estado más probable se evita por una construcción epistemológica de logismós proyectivo; entropía, neguentropía. El metaxú operatorio, en irracionalidad ontológica, se funde como dýnamis metaestable. Lo preindividual toma atajos abrazando elementos técnicos perfeccionables.

Mimética

Massimo Cacciari, en su ensayo «El hacer del canto» (2000, págs. 7-64), intenta precisar la condena platónica hacia determinadas tipos de techné. En su interesante análisis, siguiendo el esquema final del Sofista (266a-268d), señala que, tras la primera división de técnicas productivas en producción de realidades y producción de imágenes (mímitike), el hacer humano, a diferencia del divino, se vuelve a subdividir. En cuanto a la producción mimética divina, en 266c (Sofista, 1992), Platón nos habla, puntualmente, de aquello que acompaña a la cosa misma como poíesis. Luego, la primera instancia de la subdivisión productiva humana consistiría en eikón, representaciones realmente miméticas que figuran el modelo: un hacer común a los seres humanos y dioses; analógico. En Timeo encontraríamos un ejemplo de figurar la forma cuando se habla del tiempo como imagen móvil de la eternidad inmóvil (37c.-38a): chronos como eikón de aión. Clara y curiosa sentencia: eikón, denota producción humana. Chronos, en cuanto figuración de la eternidad inmutable (aión), en cuanto a imagen eterna en movimiento según el número, es humano. El trompo gira. El histōr, desde su tridimensionalidad temporal cristalizada, sonríe. Pasado, presente y futuro. Como en la relación de tres números cualesquiera, «el medio se ha convertido en principio y fin, y el principio y fin, en medio, sucederá necesariamente que así todos son lo mismo y, al convertirse en idénticos unos a otros, todos serán uno» (32a). Los cuerpos celestes o divinos dividen y guardan magnitudes temporales colaborando8, tras llegar a sus órbitas apropiadas, en la creación de aquel chronos (Tim. 38e). Curiosamente, en 41e y 42d, los llama instrumentos del tiempo (órgana chrónou). El razonamiento, en cuanto a proporción, al igual que el actuar del Demiurgo, es primordial: «el vínculo más bello es aquel que puede lograr que él mismo y los elementos por él vinculados alcancen el mayor grado de unidad. La proporción es la que por naturaleza realiza esto de la manera más perfecta» (Tim. 31e). Nos remitimos a la línea y las razones entre segmentos; relaciones áureas: espirales logarítmicas que, en su aceleración constante, manifiestan un punto no divisable; eadem mutata resurgo9. En la adición de una cuarta dimensión los círculos podrían expresarse como espirales; restricciones que emergen al variar la perspectiva, rastros dinámicos. La vida inextinguible regresa manifestando un punto inconcebible: el histōr no necesita ver aquello que resuelve, racionaliza modos diversos de oír. El sol, fuente de Bien y verdad que no puede mirarse directamente en una primera instancia, en su gradiente expresivo, nos brinda una medida de la lentitud y rapidez relativa para participar del número (Tim. 39b); chronos. Emergencias intuitivas coherentes desde restricciones comunes; colapsos: Einstein ajusta la luz como constante. La analogía es actualidad; individuación.

En la segunda instancia del hacer humano en cuanto a producción de imágenes, nos encontramos con aquello relacionado al phántasma; simples apariencias: «un arte que simula la imitación de cosas que son reales (o bien imita sin conocer lo que imita)» (Cacciari, 2000, pág. 21). Entonces, tras analizar fragmentos de República y Fedro, Cacciari concluye en que el filósofo ateniense condenaría tanto a aquel hacer no mimético como aquel que su mímesis es extraordinaria. Ambos casos amenazarían el logos común, confiriendo una consistencia real a puras apariencias que podríamos diferenciar por cuestiones genéticas. Dirá que la ficción y la mentira del sofista provienen del cálculo, del logismós, fundándose sobre un bien real. En cambio, los «fantasmas» extraordinarios, como los del arte, son producidos por una suerte de manía, fundándose en delirios, estando solo de acuerdo con la propia voz que lo emite, por lo tanto, realmente con nada. El azar imprevisible hace al poeta: su hacer consiste en hacer hablar al dios, «en la trama de lo real, el poeta es ese vacío, esa abertura, esa ruptura a través de la cual nos llega esa voz», transcendiendo toda medida, utilidad y techné normal. «Algo divino nos vuelve extranjeros a las reglas de la conducta normal, al ethos, al habitus, y nos hace aparecer como locos (máinesthai)» (Cacciari, 2000, pág. 28). La locura, parecería ser, simplemente, afán de superar la imitación. Bourdieu resopla y el nabí hebreo debería visitar a un psiquiatra por su ruptura en la trama de lo real.

Por otro lado, tras desarrollar la crítica platónica a la mimética, Castillo Merlo (2016) reorganiza los argumentos platónicos tomando como eje la relación logos y mímesis. En un párrafo muy bello nos señala que el poeta, enunciando como si fuera otro, borra el quien, llegando a la extraña paradoja de que hay dos sujetos, el que habla y por quién habla, y, a la vez, no hay ninguno (pág. 48). El hecho de que el poeta pueda parecerse a otro provocaría una «perversión» en su práctica, sin un quien al que pueda adjudicársele la responsabilidad de lo que dice; el sujeto de la enunciación no necesariamente debe coincidir con el sujeto que habla. El trompo gira perversa e incongruentemente sobre su eje. Si reflexionamos en este punto, tal y como desarrolla la autora argentina, podremos comprender que hay más en juego de lo que parece: la mímesis instauraría un problema más profundo, el de la identificación y la sustitución.

Podríamos referenciar a la palabra sin «voz», desvinculación del poeta con respecto a su identidad individual, como un vacío de singularidad que, vehiculizando la expresión de voces exógenas, llegaría a manifestarse en la experiencia tensionante del sujeto como ámbito de convertibilidad; nabí. Encontramos una operación semejante en tanto a la palabra como simple recordatorio o hypómnesis, ejercicio donde, según Platón, la escritura «produce olvido» y apariencia de sabiduría en quienes la aprenden, llevándonos a fiarnos en lo escrito y adquirir conocimientos desde una individuación ajena (Lescano, 2019); memoria exógena, intersecciones unilaterales de simetrías y asimetrías sin soma; práctica perversa. La no individuación remite solo a rastros, resultados sin potenciales. Abstracciones sin un agente definido que «se acumulan sin devenir los fermentos de nuevas individuaciones; este polvo sin calor, esta acumulación sin energía es como el ascenso en el ser de la muerte pasiva, que no proviene del enfrentamiento con el mundo, sino de la convergencia de las transformaciones internas» (Simondon, 2015, pág. 271). La falta de un proceso de diferenciación y autonomía puede conducirnos a un situación alienante, no solo al ser humano en cuanto ámbito de convertibilidad, sino también a la abstracción. Olvido en cuanto a intersección soma:diánoia; decoherencia: transición hacia comportamientos clásicos, deterministas. Nomos sin physis: estructura inteligible, pero sin una configuración común que lo vincule, vital y transductivamente, a lo real. Interior:exterior. Planos desvinculados… ¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?

Al vaciar la estructura de singularidad en búsqueda de intersecciones abstractas, se simplifica la realidad, sobreadaptándola, a un credo de inmutabilidad ante la caótica multiplicidad de la physis. En su búsqueda de trascendencia purista, el logismós, tal estructura subyacente de la realidad, invierte la relación mimética. El trompo se duplica y desvanece. La detección de incompatibilidades, derivadas de una corrupción de intersecciones, conceptos o experiencias que trascienden lo abstracto, podría servir de guía para corregir cierta irracionalidad ontológica entre estructura y realidad o nomos y physis. La mediación debe articular «bellamente» los planos desvinculados. En ese sentido, es importante prestar especial atención a aquellas manifestaciones que pueden ser catalogadas como teratológicas según la perspectiva simondoniana 10. El vacío de la singularidad, que iniciamos con el poeta que performa, contrastará con aquella ruptura que representaba el poeta maniático en Cacciari transcendiendo toda medida, utilidad y techné común. En la manía, el poeta da un salto de una tensión también presente en la angustia, donde «el sujeto querría determinarse él mismo sin pasar por lo colectivo» (Simondon, 2015, pág. 323) y «no está en el poder de un hombre cualquiera interpretar qué cosa es útil o nociva para la ciudad» (Agamben, 2019, pág. 66). La physis se pliega y repliega en sí misma y su permanencia, tendiente a la desvinculación en lo irracional, nos obliga a confrontar una trascendencia que se intercepta en lo somático.

Avanzando en el texto en cuestión, Castillo Merlo afirmará que, para Platón, el modo mimético podría oficiar de vía de articulación y ensamble, un acceso a uno mismo a partir de un modelo de otro. La maleabilidad del alma humana marcaría el carácter ineluctable de la mímesis (pág. 49). Esto nos llevaría a poder significar como mímesis diferentes ejercicios individuales e interpersonales o sociales, tejiendo una trama entre la misma, identificación y tragedia: el acto de composición del personaje, la interpretación por parte del actor de dicho personaje y, extendiendo operaciones, el acto de aprendizaje y formación del discípulo (identificación) (Castillo Merlo, 2016, pág. 50). Logos común; hacer común. Estructuras estructurantes, genética del habitus.

Resulta interesante la propuesta platónica, en cuanto al mito, mimética y «mentiras nobles» o «necesarias», que solo desde una visión categórica podríamos entender como «doble estándar». De hacerlo, olvidaríamos las tensiones reales de fondo que se manifiestan en la estructuración operacional bajo la forma de phármakon (Rep. 389b), tan claramente definidas etimológicamente11. En esta línea podríamos distinguir el mito de los metales como herramienta de asimilación o naturalización de ciertas jerarquías y continuidades en beneficio de la polis (Rep. 415a-c). Sostendrá el ateniense que, los mitos, por momentos dilapidados, deberán regularse para favorecer la virtud. La identidad, de cierta manera y siguiendo cierto cosmos, podría «orientarse». Como bien cita Castillo Merlo, incluso los guardianes de la ciudad ideal podrían imitar valores nobles que, «cuando se llevan a cabo desde la juventud, “se instauran en los hábitos (éthos) y en la naturaleza misma (physis) de la persona, en cuanto al cuerpo (sóma), a la voz (phoné) y al pensamiento (diánoia)” (Rep. 395b-d)» (2016). Relatos, hegemonía: el histōr y su comunicabilidad estructural. Inscripciones corporales; desplazamientos. Valores que configuran disposiciones en el individuo, intentando modelarlos con la inyección mimética de patrones de comportamiento y modos de ser potencialmente internalizables. Disciplina. Articulación en muchos casos eficaz, pero ficticia; metaxú imaginario entre sistemas de existencias diferentes; interior, exterior.

En tanto operación de continuidad secuencial imitatoria o replicante, especialmente en la búsqueda o emergencia de una koinonía y cosmos social, podemos ensayar que la mimética opera como un phármakon. Por ello, tras conservar, al menos, patrones restrictivos y necesarios mínimos para un hacer común o una emergencia de intersecciones interior-exterior12, la mimética podría reproducir estructuras opresivas o abrir posibilidades emancipadoras en cuanto a la tensión estructura:singularidad o nomos:physis; operación transductiva de interacción y cristalización de ethos, soma, phoné y diánoia. Nostalgia figura-fondo. Podemos precisar esta relación mímesispharmakón desde una dimensión de relación o intersección epistemológica entre soma y diánoia; colapsos comportamentales y espaciales en patrones de interferencia ontológicos.

Desde la perspectiva que hemos planteado, sería muy enriquecedor extender los conceptos acerca de la identidad y sustitución mimética y la instrumentación de la mímesis platónica con el concepto bourdieano de habitus. En su célebre «El sentido práctico», Bourdieu lo define como:

«sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y de representaciones» (2015, pág. 86).

Haciendo un poco más de zoom, inmediatamente después, leeremos que, estas disposiciones, se encontrarían colectivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un director de orquesta; restricciones cosmológicas. Producto de la historia, el habitus, aseguraría la presencia activa de las experiencias pasadas que, registradas en cada organismo bajo la forma de esquemas de percepción, de pensamientos y de acción, tienden, con más seguridad que todas las reglas formales y todas las normas explícitas, a garantizar la conformidad de las prácticas y su constancia a través del tiempo (Bourdieu, El sentido práctico, 2015, pág. 88); preservación. Parodia butleriana: la identidad parece ser esa práctica cuyo ejercicio continuo hará al sujeto inteligible, impactando en su capacidad e iniciativa de acción. Todos imitaríamos comportamientos que nos darían inteligibilidad social y subjetiva (Baigorri, 2021). El campo y el individuo se traccionan uno y otro en una cosmología de esquemas perceptivos, de mediación y funcionales, impactando en identidades, interpretaciones y aprendizajes. Haciendo pie en el concepto simondoniano de comunicabilidad como relación analógica entre las estructuras latentes y la estructura actual del germen, podríamos diferir en la cita superior de Bourdieu13: el pasado no produciría directamente el habitus, sino que participaría como sustrato de la dimensión de inteligibilidad en el cual, sí operaría el habitus, modulando – y siendo modulado en – patrones de interferencias. Dýnamis mimética: ethos, soma, phoné y diánoia. Energética; multicausalidad.

Los comportamientos que proporcionan inteligibilidad social y subjetiva, necesariamente, deben asir cierta continuidad transductiva analógica en los agentes; lo dicho: sin agente, el rastro es estructura inerte, desprovista de vida, de physis y de representación, tornándose, lentamente, incompatible hasta la postergación y el olvido. Polvo sin calor, acumulación sin energía. La physis, en cuanto a modo de existencia que trasciende lo abstracto, necesariamente debe participar del acto de modulación. Sin ese ámbito de convertibilidad en lo viviente, la analogía se trunca, rompiéndose la relación entre modos de existencias. El exceso de desarrollo o sobrevaloración de la estructura abstracta puede conllevar un desequilibrio y una falta de armonía en la relación individuo-medio, en el individuo tal ámbito de convertibilidad. Alienación; hipertelia. Siendo una característica de lo viviente descubrir condiciones estructurales que le permiten resolver sus propias incompatibilidades (Simondon, 2015, pág. 186), el individuo debe poder metabolizar, individuar, la realidad. Olvidar esta relación, priorizando solo lo abstracto, nos lleva a bucear mares cartesianos, potencializando la posible discordancia de la identidad en cuanto intersección, no solo del ser humano, sino de la realidad misma. Un nomos puro sin intersecciones singulares, que podría ser entendido como una total antropomorfización de la realidad, si bien podría abrir la puerta a una modelación de la physis, lo haría desde una expansión corrupta, teratológica. A su vez, la posibilidad de distinguir surgida de la articulación, tal operación de la resolución angular, como leímos en Agamben, descubre la nuda vida; espejo preindividual. Abrir y estudiar las piezas en la maquinaria de la dynamis mimética permite, en cada distinción, un punto de indeterminación más: «la rueda que puede girarse, sin que con ella se mueva el resto, no pertenece a la máquina»14. Estas ruedas que giramos, indeterminaciones que surgen de la distinción, podrán producir cambios también tendientes al desequilibrio o desadaptación.

Una indagación desde esta perspectiva de mimética sin soma, la encontramos en la crítica de Preciado a Butler (Preciado, 2002, págs. 17-28). El filósofo español dirá que la teórica estadounidense tiende a pasar por alto la importancia del cuerpo en su teoría, descuidando su papel como sitio de resistencia y agencia. El cuerpo, dirá Preciado, es un espacio político y una zona de experiencia que no puede ser completamente subsumido por las construcciones culturales y discursivas. Similar a la crítica simondoniana a la concepción inerte de la materia (2015, pág. 33), el cuerpo no sería un objeto pasivo que es moldeado por las normas sociales y culturales. El género no es una construcción abstracta, sino que es algo que se vive y se experimenta a través del cuerpo. Las características biológicas, sexuales y somáticas influyen en la construcción y experiencia del género. Semejante a lo mencionado por Bourdieu y como hemos planteado, el cuerpo, preso político del «alma»15, por más que los filtros y la continua tensión de impostación que nos bombardea desde nuestros dispositivos personales, es un agente inevitable en la continuidad de las estructuras. Subrayo; inevitable. El género, dirá Preciado, es construido y, al mismo tiempo, orgánico, escapa de las falsas dicotomías metafísicas entre el cuerpo y el alma, la forma y la materia (2002, pág. 25). Intersección. La mímesis, para cumplir una función de medida común o ensamble social, debe encontrar un equilibrio: ni poeta con una línea directa al infinito16, ni línea directa al infinito sin poeta. La dynamis mimética debe ser reproducible e individuada: no hay dos trompos, sino uno en estado de superposición.

Trascendencias

Desde una perspectiva vivencial, si bien puede sonar extraño hablar de experiencias que trascienden lo abstracto, es un terreno donde deberíamos filosofar en tiempos de realidades virtuales y realidades aumentadas. Las continuidades alejadas de la physis están comenzando a tener un impacto reflexivo y significativo en la forma en que vivimos, nos relacionamos y percibimos el mundo físico en cuanto a medio en el cual colapsan nuestras abstracciones. Con reflexivo me refiero a valorar, tanto physis como psiquis, como un régimen parcialmente segmentario de la existencia; medios de parcelamiento, distinciones intersectivas y tensionales que nos llevan a replantear ciertos nomos todo-o-nada17 con una mirada desde la tecnicidad (Simondon, 2017, pág. 129). Interrogaciones, como las que encontramos en la obra de Preciado, nos muestran que la individuación física, entendida como el proceso de diferenciación y desarrollo de la singularidad, se encuentra mediada de una forma más radical de lo que solemos racionalizar en un primer momento; ergo sum. La distinción y exploración de physispsiquis en la experiencia humana singular, no solo desafía a los nomos todo-o-nada, sino a todo marco de abordaje unilateral: abordar o mimetizar la realidad misma con logismós vacíos de singularidad, ha comenzado a restringir el acceso a la misma. En este aspecto, nunca está de más citar a Sábato y su desarrollo acerca de una confusión epistemológica muy común: no es la naturaleza la que está escrita en caracteres matemáticos, sino su estructura matemática (Sábato, 1951, págs. 381-384).

Profundicemos en el registro, restricción común y cosmos. Proporciones, ideas y formas con la potencialidad real de continuarse y ordenar más allá de la «contingencia». Hablaríamos de interferencias con cierta racionalidad o frecuencia estables. Acciones cristalizadas, comportamientos que han sido tallados y demarcados en piedra, que, en su repetición, no pasarán al olvido; alétheia.

En la interpretación del modelo de desarrollo de Fordham por parte de Urban (Unintegration, disintegration and deintegration, 2006), encontramos diferencias sutiles pero necesarias entre los conceptos de «inintegración» (en inglés, unintegration), desintegración (disintegration) y deintegración (deintegration). Diferencias que se podrían desarrollar más en profundidad para una axiomatización de las ciencias sociales. En este caso, seamos breves. Inintegración se refiere a la ausencia de un estado integrado. Desintegración, implica una ruptura o desorganización de las estructuras de integración previamente establecidas. Finalmente, se define deintegración como una continuidad que incorpora el cambio a través de una serie de estados estables que permiten una configuración progresiva, un proceso dinámico y adaptativo que implica una reorganización de las funciones psicológicas y la capacidad de relacionarse con el mundo externo. Según Urban, existirían saltos cuánticos que producen cambios rápidos mechados con períodos de regulación. «Un proceso mediante el cual la integración primaria “se extiende”, por así decirlo, o se despliega o desempaqueta, para relacionarse con el mundo exterior y, por lo tanto, para de-integrarse» (Urban, Fordham’s model of development, s.f.). Estructura, ambiente, cuerpo, operación. La diferencia clave, en sentido simondoniano, sería que, en la deintegración, persiste cierta potencialidad de individuación; la comunicabilidad no se ha roto como en el caso de la desintegración y, a diferencia de la inintegración, se revela la existencia de un campo previo. Como en el enfoque tridimensional y la operación analógica, la persistencia de estados estables es esencial para el descubrimiento de configuraciones o estados comunes y resolución de conflictos, incompatibilidades o desadaptaciones. La estabilidad, en cuanto dynamis intersectiva de campo y agente, permite asentar la analogía, para disponer y direccionar nuevas individuaciones de forma coherente, sin quebrar la comunicabilidad. La aproximación, no veda comunicabilidad. 

En Allagmática (2015), Simondon nos habla de estados sincréticos y analíticos del individuo que mutan continuamente uno en otro. Uno de estos cambios de estado, también denominados acto, es la cristalización. La cristalización transformará una individualidad sincrética tensional en analítica, compuesta de estructuras espaciales y una función operatoria que se expresa, como actividad organizada, por un esquematismo temporal energético (pág. 479). Expresándose en coordinaciones y secuenciaciones en relación con el tiempo, la cristalización buscaría estabilizar y fijar las formas individuales. El segundo acto que distingue Simondon es la modulación que, dando paso del estado analítico al sincrético, buscaría ajustar y adaptar continuamente esas formas en respuesta al entorno. Lo preindividual18, en cuanto fuente de potencialidades, juega un papel muy importante en esta operación. Cambios de estados que proporcionan, respectivamente, estabilidad y flexibilidad al proceso de individuación. Aunando conceptos, la inintegración y la desintegración podrían ser entendidos como obstáculos en el proceso de individuación, mientras que la deintegración se presentaría como un estado potencial que permitiría descubrir configuraciones comunes en ciertas articulaciones, posiblemente, ficticias, pero funcionales.

Si cambiamos de escala, a una mayor, estos actos siguen operando más allá de la singularidad del individuo: cristalización y modulación, al implicar una reorganización y transformación de las estructuras individuales en relación con el entorno, emergerán también como procesos esenciales en la formación y manifestación de lo colectivo. En este sentido, Simondon sostiene que lo colectivo «es real en tanto operación relacional estable» (2015, pág. 399). Debug: lo que trasciende, es la potencialidad de comunicación; preservación.

La observación e indagación de estabilidades relacionales intersubjetivas nos lleva a explorar cosmologías condicionadas por restricciones comunes que nos transcienden. Interacciones entrelazadas que tejen redes, influyendo en la dinámica y comprensión de nuestro entorno. El logos común nos habla, nos habita y, simultáneamente, lo hablamos y habitamos. Logos y álogos; común y manía. Ilusiones miméticas; mediaciones ficcionales nomosphysis. Vacíos de singularidad; vacíos de comunidad. 1+1=2: percibir el segundo uno, simultáneamente, como semejante y diferente al primero abre la posibilidad de fusión.

Colapso del presente en el pasado; inserción racional de temporalidades en un hic et nunc que escapa. Sin relajación estabilizadora, devenida de cierta alienación entrópica del espacio, no parece ser posible la comunidad. Cierto cosmos nos conduce a una alienación de la temporalidad real; restricciones en busca de un espacio reflexivo, segmentado, plegable; chronoseikónaión. Cuantificación.

Luego, relaciones que admiten metaestabilidades, metaestabilidades que admiten indagaciones, indagaciones que admiten registros, registros que admiten analogías, analogías que admiten estructuras. Trompos que se encuentran quietos y en movimiento al mismo tiempo. Relatividad; cuántica. Tal vez la relación no sea tal. Tal vez, la naturaleza relacional, en sentido profundo, siempre es cuántica. Tensión 3D; incongruencias escalonadas que se resuelven. Hay participación y hay eidos: «Platón descubrió un medio de racionalizar el devenir» (Simondon, 2015, pág. 474); frecuencias, proporciones, analogías, logismos: el bien simula ser matemático; el número no basta. El número solitario podría asemejarse al del comerciante. En cuántica, debido a que no poseen una estructura espacial o direccionalidad inherente, al número se le adjudica un spin 0. Con dichas carencias, capturar plenamente la complejidad de los fenómenos en constante cambio se torna estéril. Debemos extender las relaciones.

Covarrubias, en su artículo «Mímesis, analogía y semejanza como vías de acceso a lo divino en la obra de Aristóteles», exhala suavemente: «el arte imita a la naturaleza, la naturaleza imita al cielo». Según el autor, la actitud imitativa del ser humano para con el cosmos marca un desplazamiento paulatino de mímesis desde las ciencias prácticas a las teóricas, una perspectiva metafísica donde mímesis manifiesta un esfuerzo siempre creciente por acercarse a la perfección. Las referencias, en cuanto imitaciones, remitirán a lo más perfecto, apuntando, en última instancia, «hacia lo más bello, que tiene su expresión sublime en la organización y armonía total del cosmos» (Covarrubias Correa, 2016, págs. 145-147). Al interpelarse miméticamente con respecto a la danza de los planetas, podemos entrever cierta transcendencia terrenal. La conexión con Dios comienza a ejercerse de forma epistémica y universal; cogito. Rastros; capacidad «casi diabólica de imitar»19. Desatar. La danza celeste comenzará a verse e imitarse desde el cálculo. La red de puntos clave (Simondon, 2018, págs. 180-188) se reemplaza por esquemas topológicos. Lentamente, el ser humano, en excepcionalidad y razón, se sumerge en una sinergia con órbitas matemáticas: planetas «vistos» desde correlaciones de densidades y reacciones físicas, lumínicas, químicas. Los individuos no-humanos ya no son necesarios como nudos de información con lo divino. Siquiera el mundo. La mimética descubre ordenaciones a escalas absolutas: podemos detener, metabolizar y proyectar el tejido espacio-tiempo en matrices. Espejo de histōr, la inserción tridimensional se superpone con lo sensible. Será entonces cuando nos topamos con la advertencia aristotélica, ilustrada en un primer momento con la distinción entre geometría y geometría práctica (geodesia), sobre una suerte de intermedios de los cuales resultarían muchas aporías; peligro de tercer hombre. Otro ejemplo con el que nos encontramos es el de las Realidades Sanas entre lo sensible y Lo Sano Mismo (Metafísica, págs. 139, 997b-998a); hegemonías. El nomos mimético alienante se abraza a estas realidades intermedias y las reifica. Escisión de las ciencias prácticas, teóricas y fácticas: acción, mediación, abstracción. Covarrubias resaltará la pluma del estagirita en su resistencia a la antropomorfización de lo divino ya que «se ha dado forma humana a los dioses para persuadir a los hombres, y defender las leyes y el bien común», desfigurando los mitos donde los dioses eran ousías primeras (Covarrubias Correa, 2016, pág. 152). Piedra libre a las «mentiras nobles». Finalmente, cerrará su artículo indicando que la vinculación entre lo humano y lo divino, si se antropomorfiza, es una «nivelación desde abajo». Se repite el descuido, reflejado en la necesidad de asistencia técnica: nuestro calendario requiere un año bisiesto y consumimos frutillas de invernadero.

La intuición de la armonía celeste como instrumento cosmológico no se limita exclusivamente a la perspectiva griega que hemos explorado y referenciado en Platón, sino que ha sido compartida por numerosas culturas a lo largo de la historia, sobre todo aquellas con una base agraria. Desde tiempos inmemoriales, esta percepción ha trascendido fronteras culturales y territoriales, abarcando un amplio espectro de saberes y creencias. Conocer y respetar los ciclos del cosmos, aún hoy, es primordial para la supervivencia y el desarrollo humano, tanto en los procesos productivos, como los de circulación y consumo (Varese, 2018, pág. 2). El número según el cual se suceden y la frecuencia de transformación que demarca, es, claramente, un fondo común y perceptible por quienes habitamos el mundo y los nudos de información que emergen de su interacción son claves para la gran mayoría de las actividades que queramos desarrollar, incluso para nuestra percepción espaciotemporal. Ritmos: infradiano, circadiano, ultradiano; metabolismo, neurobiología20, intersecciones y restricciones comunes que se automatizan y repudian en favor de una cosmología técnica; productiva. Chronoseikóntéchne. En este sentido, Varese enfatizará que las ciencias bío-física-sociales occidentales fragmentan, «taxonomizan» e instrumentalizan al universo separando a la persona de todas sus relaciones y «parientes» cósmicos (2018, pág. 4). La ruptura figura fondo se extrema. Desplegando relaciones conceptuales e indeterminando parcialmente ciertos aspectos académicos, sería necesario enlazar esta noción con una de las diferencias que marca Simondon entre el ser viviente y el técnico. En MEOT, el filósofo francés, aseverará que el objeto técnico contaría con mayor libertad que el ser viviente debido a su perfección infinitamente menor. Esto permitiría producir elementos que recogen grados de perfección técnica (2018, pág. 91), volviéndose más precisos, eficientes y adaptables a sus funciones específicas. Sin embargo, creemos que la territorialidad de estas relaciones, su hic et nunc, conjunción figura fondo, es esencial. El deterioro de la relación hacer humano y hacer divino, tal instrumento de tiempo, conlleva peligro de sobreadaptación y alienación de lo viviente, tergiversando niveles ontológicos insubstituibles; aspectos fundamentales y esenciales de la existencia.

En la discutida conferencia platónica «Sobre el Bien», Platón habría hablado de números, geometría y astronomía, los asistentes se marcharon decepcionados al no escuchar sobre «bienes humanos» (Baigorri, Digitalización y proporción de interferencias, 2022); pedí un cuatro y me trajeron un pomelo. En el «símil de la línea», el filósofo ateniense expresa claramente la insuficiencia de las matemáticas ya que el alma se ve obligada a servirse de lo sensible, tal pistis, para elaborar sus hipótesis. Lógos; álogos. Las matemáticas serán andamiajes, peldaños y trampolines para dar el salto y dejar todo atrás. Avanzando hacia una concepción de ruptura extremada, en nuestro desarrollo, será interesante prestar atención al siguiente pasaje de La República (Platón, 2011):

«νοῦν οὐκ ἴσχειν περὶ αὐτὰ δοκοῦσί σοι, καίτοι νοητῶν ὄντων μετὰ ἀρχῆς» (Rep. 511d)

La cita necesariamente en griego para denotar que la relación «καίτοι — ἀρχῆς», tomando como conjugación filológica la nota de James Adam21, no denota ejercicio. El matemático, por el simple hecho de operar un pensamiento discursivo, no ascendería al arché; la mediación real, es indirecta o, al menos, «habría algo más». Trompo; ejes y circunferencia. En la versión castellana se puede leer:

«a raíz de no hacer el examen avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamas ‘pensamiento discursivo’ al estado mental de los geómetras y similares, pero no ‘inteligencia’; como si el ‘pensamiento discursivo’ fuera algo intermedio entre la opinión y la inteligencia» (Platón, La República, 2011, pág. 221).

Pienso: inteligibilidad no denota realidad. «Lo que existe» es una intersección; soma:diánoia. La mimética y la tragedia parecen seguir operando detrás de bambalinas; no hay metaxú, no hay metabolización. Platón brindó un legado sublime al pensamiento. El número por sí solo es un phántasma, no acceso a un fondo o lenguaje universal; divino. El número, por sí solo, no media ni opera entre realidades ontológicas diversas. Sacrilegio. En Gorgias, Sócrates exhorta a Calicles: «no adviertes que la igualdad geométrica tiene mucha importancia entre los dioses y entre los hombres; piensas, por el contrario, que es preciso fomentar la ambición, porque descuidas la geometría» (Gorg. 508a). La geometría media lo divino y lo humano; hacer común. La geometría, cultivada según el número o hacer común, armoniza la pleonexía antrópica. Podemos percibir cierta antropomorfización del logismo, descuido que escinde la conexión con lo divino. Temporalidades; secuencias que se insertan.

En nuestros días, mucha agua ha pasado bajo el puente y cualquier cosmología post-Einstein que busque cierta apreciación de la ciencia deberá atenerse a ciertas simetrías y armonías celestes. Dilataciones temporales y contracciones espaciales; pliego y repliego. Mientras los fotones, lanzados en el vacío, no experimentarían cambios en su entorno, un observador en reposo percibiría el cambio en la luz solo por variaciones en su propagación; efecto Doppler: cambio percibido en la frecuencia de una onda debido al movimiento relativo entre su fuente y el observador. Nuevamente emerge el tertium y comienza a tensionar. Preservación, restricción y desplazamientos. Continuidad. Visión 3D. Acceso a la revolución de lo mismo y semejante (Platón, Timeo, pág. 185 39b). La tensión entre persistencia y alteridad, mediada por la entropía y el olvido, permiten la búsqueda de patrones y la construcción de secuencialidad. Una interpretación interesante que podemos realizar en este punto es la de trascendencia como exploración estable, como un proceso que nos excede sensorial, espacial y temporalmente; tensión de información. Una relación genética continua e intersectiva que, en la identificación de configuraciones emergentes, nos y se propaga; ápeiron, su pliego y repliego. A pesar del gran esfuerzo de preservación e interpretación que la humanidad lleva adelante, el pasado comienza a tornarse difuso cuanto más nos alejamos, la entropía parece aumentar en ambas direcciones temporales. Donde hay oposición, hay estructura; donde hay estructura, hay olvido y preservación. Testimonios; reflexión, segmentación. Configuraciones que emergen de la mediación entre elementos en conflicto; negociación entre preservación y olvido22 que erige una organización significativa y coherente: colectivo, individual, conocimiento, identidad. Conocer el estado anterior simula una secuencia algorítmica.

Olvido

Recientemente se ha alcanzado cierta punto estacionario, casi recesivo si nos guiamos por la «Ley de Moore»23, en el procesamiento digital que podríamos hipotetizar y concebir como un hallazgo acerca de la inaccesibilidad a la realidad, en cuanto a devenir, desde abstracciones sin physis, unilaterales; «lo exacto que ha progresado desde su desligamiento de lo sensible» (Baigorri, 2022); debemos regresar a lo analógico: la mediación real es indirecta. Una intuición muy semejante, aunque más general, encontramos en Simondon cuando afirma que el devenir impone límites a la eficacia abstracta (2018, págs. 219-220). En una futura interpretación, este punto puede ser ampliado y relacionado con la afirmación de Landauer sobre la naturaleza física de la información y el principio que lleva su nombre. En él, incluso en el olvido (lethe) («borrado de Landauer»), hoy, hay gasto energético, una variación en la entropía, lo que nos lleva a que, su naturaleza, no es reversible: su salida no basta para identificar de forma unívoca las entradas. Alétheia, por momentos, parece asemejarse a una reducción de la entropía. También podríamos ahondar en que, las restricciones energéticas, no solo influyen en el olvido, sino también en la transmisión: hoy, basados en el Teorema de Bell, no es posible transmitir información útil, con un propósito específico y significativo, de manera más rápida que la velocidad de la luz, imposición de la teoría de la relatividad y la causalidad en la comunicación.

En el artículo «Hacia la computación de energía cero» (López et al., 2017), miembros del NiPS de la Universidad de Perugia, escriben sobre dispositivos y procesos reversibles e irreversibles. El concepto de irreversibilidad se relaciona directamente con la «flecha del tiempo» y la segunda ley de la termodinámica que asevera que un sistema cerrado, en sus transformaciones sucesivas, siempre evoluciona de un estado de menor entropía a uno de mayor entropía, pudiendo relacionar el pasado con el primer caso y, el futuro, con el segundo. Uno de los ejemplos canónicos cuando hablamos de procesos irreversibles es la puerta lógica OR, la vieja y querida disyunción. Dicha puerta, tras recibir dos entradas da como resultado una salida, lo que conlleva una pérdida de información, ergo, un aumento de la entropía. Lethe. En este punto del desarrollo es importante recordar al histōr y su cuasi paradojal proceso pronoiaposnoia, eikón: inserción temporal tridimensional como proceso mediador en el chronos para sostener una koinonía; cese de un estado de conflicto entrópico con potencial violento. El proceso del histōr, semejante a la conceptualización de percepción de Wiener que evoca Simondon, tendría carácter neguentrópico: captura, mantiene o inventa una organización (Simondon, 2015, pág. 307). La nuda vida, hemos leído en Agamben, sería un artificio de la máquina y no algo preexistente a ella (2019, pág. 157). Creo oportuno mencionar que, a este concepto de preexistente inaccesible, podemos relacionarlo con la unidad mágica primitiva simondoniana (Simondon, 2018, págs. 180-ss).

Los estados de alta entropía son aquellos donde existen mayor cantidad de estados específicos para una configuración inespecífica. Esto quiere decir que, si bien podemos conocer de antemano el estado más probable, con ello, vamos a perder certeza en cuanto a detalle y singularidad. Por ejemplo, cuando arrojamos solo dos dados, el resultado más probable el número 7, estado que cuenta con más combinaciones que lo conforman: 1+6, 2+5, 3+4, 4+3, 5+2, 6+1. Si graficamos las probabilidades nos encontramos con una incipiente campana de Gauss. Cuanto más dados participen de la tirada, la campana se aguzará cada vez más en cuanto al respectivo estado más probable; de acuto et arguto (Fullenwider, 1984). En cuanto a nivel de detalle y singularidad, en informática existe una técnica de modelado conocida como «granularidad gruesa» (Coarse-grained modeling) que, en contraposición a la granularidad fina, agrupa o combina elementos reduciendo la cantidad de información detallada y, con ello, los grados de libertad para tornar a la simulación más eficiente en términos computacionales. Como afirman Blandford y Thorne, en estos casos, «es elección del físico (aunque a menudo es una necesidad práctica) realizar un promedio de grano grueso que hace que la entropía aumente y que el conjunto evolucione hacia el equilibrio estadístico» (Blandford & Thorne, 2017, pág. 184). Eficiencia; olvido consciente, estadístico. Olvido eficiente.

En su obra, Simondon hace continua referencia a la entropía y la neguentropía. Por ejemplo, en MEOT nos dirá que, «la máquina, como elemento del conjunto técnico, se convierte en aquello que aumenta la cantidad de información, lo que acrecienta la neguentropía», convirtiéndose en estabilizadora del mundo (2018, págs. 37-38). Así también, podemos interpretar que, al implicar la generación de nuevas formas y estructuras organizadas en un sistema, la individuación interviene contra la tendencia natural hacía el aumento de la entropía: al lograr una mayor coherencia interna, la resistencia hacia la disipación energética y la consecuente potencial preservación de una organización ante el cambio es posible. Luego, el filósofo francés introduce el concepto de tensión de información como tal capacidad de un esquema para iluminar dominios nuevos: estructurarlos, propagarse a través de ellos (2015, pág. 500). Cosmologías. Sería interesante ahondar en la relación máquina-individuación. Debug: la trascendencia puede sugerir una exploración estabilizada a través de estados y dominios diversos. La preservación de esquemas nos desborda temporalmente. Proporción áurea: simetrías, asimetrías y restricciones comunes; autosimilitud, conjunto de Mandelbrot.

En «Forgetting as a form of adaptive engram cell plasticity» (2022), Ryan y Frankland, proponen, justamente, al olvido como una característica funcional de nuestro cerebro que nos permite interactuar dinámicamente con el entorno: «en un mundo cambiante olvidar algunos recuerdos puede ser beneficioso, ya que puede conducir a un comportamiento más flexible y una mejor toma de decisiones»24. Afirman que las tasas de olvido son moduladas por las condiciones ambientales, alterando la accesibilidad a la memoria de una manera que es sensible a los desajustes entre las expectativas y el entorno (Ryan & Frankland, 2022). Modulación simondoniana. De alguna forma y en algún punto, el olvido, indetermina nuestra relación individuo-mundo o registro-dynamis, permitiendo una mejor adaptación a la multiplicidad dinámica del hic et nunc y, con ello, un funcionamiento eficiente. El trompo debe mantener potencialidades en su relación multidimensional, posibilidad de salto cuántico entre estabilidades parciales. Como hemos dicho, la identidad ficcional del segundo uno en la ecuación introductoria, al ser semejante y diferente a sí mismo, representa «algo más», tal vez indecible; mimética que pliega physis en secuencialidad eficiente. La singularidad se presenta vacía porque, anteriormente, se carga de estados superposicionales tanto en su proyección al futuro como en su referencia al pasado. Estructuras comunes, secuencialidad recursiva epistemológica.

En palabras simondonianas, lo preindividual sería la fuente de dimensionalidad cronológica y topológica; el individuo correspondería a una cierta dimensionalidad de lo real, es decir, a una topología y una cronología asociadas. Así, podemos concebir al individuo físico como un conjunto crono-topológico (Simondon, 2015, págs. 183-184). Reinterpretándolo en nuestras palabras, como espacio-tiempo mediado por intersecciones soma:diánoia y preservación:olvido; será percibido y autopercibido en su inherencia a un flujo temporal y un entorno espacial determinado en y por el constante cambio. Luz; órgana chrónou y tridimensionalidad histórica neguentrópica. La singularidad, en su proceso de manifestación, colapsa y emerge dinámicamente en cosmologías secuenciales potencialmente fragmentarias. Llevándolo a un terreno informático, los bits de estos fragmentos, su cuantificación, dependerá de la flexibilidad o indeterminación tolerable en esta codificación y decodificación de los pares soma:diánoia y preservación:olvido, debiendo adaptarse a configuraciones que respeten el mencionado concepto simondoniano de tensión de información en cuanto a eficiencia analógica. Proporciones; razones. La abstracción, en cuanto a estado vacío de potenciales, tal y como los resultados sin potenciales del pasado, conduce a un estado de estancamiento y degradación. Ni poeta con una línea directa al infinito, ni línea directa al infinito sin poeta.

Unificando conceptos de Simondon, Preciado y Bourdieu, desde un punto de vista analógico operacional, podríamos afirmar que las estructuras incorporadas e internalizadas somáticamente, selectivas y seleccionadas en la relación individuo-medio, influyen en como percibimos, pensamos e interactuamos con ambos términos y su relación. Retenciones que, a su vez, se relacionan multidimensionalmente con el mencionado par preservación y olvido. Luego, podemos razonar la capacidad de preservación de «configuraciones comunes entre campo exterior y campo interior del sujeto» (Simondon, 2015, pág. 494) en acto como procesos de transmisión informativa donde ciertas individuaciones psicológicas se encuentran plegadas. Estos pliegues, si quisiéramos una reconstrucción o descripción individualizada a niveles abstractivos digitales o algorítmicos, manifestarían un proceso de olvido o inconsciencia donde ciertos aspectos individuales se encuentran integrados en la intersección mimética o acto como configuración reproducible; en su reflexión, el algoritmo despliega physis. La distinción de anomia y nomos, la desvinculación de planos en la visión o la parodia butleriana, podrían ser tomadas, por un lado, como un recuerdo o re-acceso a una realidad vedada en dichos pliegues tal anamnesis platónica y, por otro lado, como incompatibilidades funcionales que testimonian una integración técnica, inherente de la mimética, corrupta por el olvido en cuanto a atajo y coacción, no asimilable, en el hic et nunc del individuo y su individuación. Incompatibilidades acontecidas desde articulaciones ficticias que descubren límites. Sócrates resopla: la cosa no era una misma cosa sino más de una. El estado sincrético simondoniano entra en sobretensión.

Debemos tener muy presente que la tensión entre perseverancia y olvido, tal estructura soma:diánoia, nos permite no solo observar el cambio, sino también recomponer posibilidades en el futuro cambiante, su direccionalidad. Delegar ciertas secuencias, especialmente epistemológicas, si bien, como hemos dicho, puede optimizar operaciones en la dinámica de cambio, interacción y adaptación del individuo en su entorno, puede derivar o representar un «olvido» que, impactando directamente en la individuación y relación individuo-medio, podría conducirnos a la mencionada antropomorfización restrictiva, disminuyendo el nivel de realidad sobre el cual actuamos. Así, en consonancia con lo desarrollado, individuar solo la configuración o proporción que se ha preservado o cristalizado, sin ahondar en los procesos subyacentes, puede llevarnos a olvidar la intersección soma:diánoia de la cual emergió, desatendiendo no solo la intersección sobre la que actuará, sino también su eficiencia real en el hic et nunc. Entonces, siendo el individuo ámbito de convertibilidad y conjunto crono-topológico, si su individuación se realizaría entre un germen estructural desfasado en cuanto al estado latente del hic at nunc, pero 100% adaptado técnicamente, podría guiarnos hacia un vacío sin potencialidad; homeostático. «Second Life»; multiversos. Abstracciones acumuladas que no encuentran una expresión activa y dinámica en la realidad; tensión mediática y técnicamente perfectible. Debemos tener presente que «existe un parentesco enorme entre vida y pensamiento: en el organismo vivo, toda la materia viva coopera para la vida» (Simondon, 2018, pág. 80). Vacío como condición de posibilidad.

Podríamos ejemplificar estos desplazamientos y delegaciones de intersecciones de soma:diánoia con la relación entre la carne de cerdo y la religión. Más allá de la consecuente función social que este tabú pudo corresponder con el tiempo, en un comienzo, como podemos leer en «Vacas, cerdos, guerras y brujas» de Marvin Harris (1989), la mala adaptación ecológica de la crianza del cerdo habría desembocado en las recomendaciones de Yahvé y Alá. En otro sentido y magnitud, podemos tomar como desconexiones u olvido de la physis la introducción de tecnologías no adaptadas al conocimiento del pueblo o los tipos de producción en cuanto la realidad geográfica y actitudes semejantes tan bien explicitadas en «Por una pedagogía de la pregunta» (Faundez & Freire, 2014, págs. 147-152). Justamente, en este texto podemos encontrar una concepción clarísima de Freire en cuanto a lo que aquí llamamos relaciones soma:diánoia y preservación:olvido cuando afirma que una creencia existe alguna razón, no aparece por azar (pág. 153). Paso del mito a logos; el pasado, tal vez, no fue tan oscuro como se presume en la visión eurocéntrica25. Finalmente, podríamos relacionar estos procesos teratológicos, alienantes o, simplemente, incompatibles, con la noción bourdieusiana de aculturación en cuanto la adquisición de cultura educativa en grupos sociales desfavorecidos o no hegemónicos, quienes, suelen percibir la iniciación como aprendizaje del artificio (Bourdieu & Passeron, 2014).

La axiomática implícita en las configuraciones individuo-mundo será primordial para mantener la coherencia con el devenir. Si el individuo pierde conexión o capacidad de mediar la physis, fuente de no solo potencialidades, sino la posibilidad de estas, tanto la individuación, como el pensamiento analógico y la mediación técnica, perderán dimensionalidad ya que, éstas, no se efectuarían entre diferentes modos de existencia, sino, solo dentro de lo técnico. En este contexto de unilateralidad, la individuación, tal proceso neguentrópico, al disminuir el nivel de realidad sobre el cual actúa (Simondon, 2017, pág. 127), podría interpretarse como teratológico. El ejercicio de temporalidad desde una asistencia y, principalmente, dependencia técnica en cuanto a estabilidades exploratorias, puede llevar a experiencias distorsionadas y desequilibradas en la relación individuo-mundo.

Consideraciones finales

Una de las posibilidades que decantan de lo desarrollado es el estudio de lenguaje y la epistemología como herramientas técnicas, relacionando algoritmos de procesamiento natural de lenguaje y las producciones, simulaciones e interpretaciones mediadas en los chatbots. Partiendo de la noción de que el objeto técnico posee un poder de alienación porque él mismo se encuentra en un estado de alienación (Heredia, 2017), sería plausible tejer una analogía directa con la I.A., su intervención alienante y los diferentes debates sobre dichas producciones, por ejemplo, las artísticas. Así, la condición de posibilidad de la I.A., en cuanto a reemplazo de determinadas operaciones humanas, sería la precedente emergencia de automatismos y preservación de patrones epistemológicos alienantes; phántasma. En este caso, podríamos pintar el slogan «la universidad es la inteligencia artificial» en pancartas.

Luego, para la axiomatización de las ciencias sociales en sí, sería muy interesante profundizar en la noción de lo teratológico (Simondon, Psicosociología de la tecnicidad, 2017), indagando acerca de sus relaciones con los mencionados conceptos de Urban y el de alienación que nuestro filósofo francés define como una ruptura entre fondo y formas en la vida psíquica, en la cual el medio asociado pierde su papel regulador en el dinamismo de las formas. En este aspecto, otra arista muy importante, principalmente en cuanto a dependencia técnica, será el de mundo tecnogeográfico y la hipertelia en cuanto a sus tres clases: adaptación fina, fraccionamiento dependiente y funcionamiento condicionado por el medio (Simondon, 2018, pág. 72). Desde allí podríamos avanzar hacia la concepción de incompatibilidad como tecnofanía.

Además, distinguir estos conceptos, espejándolos en algoritmos de génesis continua superposicionales, será fundamental para un esbozo de la allagmática y una posible mediación social que revele patrones nocivos y abusivos en las relaciones humanas. Desde allí, podríamos concebir ciencias sociales que reduzcan la brecha de realidades intermedias, mediáticas y hegemónicas entre rastro alienante y agente, entre nomos y vida o estructura y operación, para, potencialmente, detectar, reconducir o focalizar ciertos sectores interactivos teratológicos.

Debido a la profunda relación potencial entre lo desarrollado aquí y la ciencia de datos, incluyendo la recopilación de datos, no solo en términos de interacciones con publicaciones, medios, contenidos y aplicaciones digitales, sino también mediante sensores presentes en dispositivos individuales y en nuestro entorno social, la ampliación y eficiencia de proyecciones del tipo soma:diánoia alienantes es alarmante. En nuestros días podemos reconocer estos procesos, en un nivel aún imperfecto, en plataformas digitales y la ofertas de consumo informativo y de productos. La conjunción de inteligencias artificiales que tejen relaciones y realidades fantasmales con una precisión que desborda la episteme humana y el avance en la concretización de la computación cuántica, haciendo foco especialmente en su eventual velocidad de procesamiento, es una llamada poderosa de atención para trabajar en ello. Por este motivo, la intención de este tipo de estudio no es la de generar algoritmos epistemológicos de pliegos, potencialmente alienantes, sino, al contrario, concebir una contra ingeniería para dichos casos.


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Notas

  1. Primer trabajo monográfico presentado en el curso libre «Individuación, subjetividad y técnica: una introducción a la filosofía de Gilbert Simondon», dictado por Dr. Juan Manuel Heredia en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) en 2021. El trabajo final, llamado «Histōr iliádico y transducción simondoniana», está disponible en este enlace.
  2. En MEOT, Simondon plantea que «el empleo del número en las ciencias parece ser de origen religioso, más que de origen técnico […] es el número de los filósofos, definido por Platón, lo que opone la metrética filosófica a la de los comerciantes […] No quiere contar o medir los seres, sino estimar lo que son en su esencia en relación con la totalidad del mundo» (Simondon, 2018, pp. 225-226).
  3. Podemos leer en el texto de Jiménez una definición semejante: «razones numéricas que expresen de la mejor forma posible las razones entre inconmensurables» (2006, pág. 99)
  4. La primera pregunta hace mención al argumento del tercer hombre en el diálogo «Parménides» de Platón, la segunda, al experimento mental de física cuántica teórica conocido como «El amigo de Wigner».
  5. Esto se refleja claramente en su etimología. LSJ: «uno que habla por un dios e interpreta su voluntad al hombre». «Prophétes» Perseus, Greek word study tool [Enlace].
  6. Me recuerda a cuando Wittgenstein, en su cuaderno azul (1976, «Los cuadernos azul y marrón», Editorial Tecnos, pp. 76-77), realiza una analogía similar con el concepto de solidez: el vacío entre partículas no conlleva a la inexistencia o una solidez ilusoria, sino una errónea explicación del verdadero fenómeno. Así como la solidez no es inexistencia de vacío, la continuidad no es una suerte de fusión de configuraciones y estados temporales ininterrumpidos.
  7. Podemos encontrar similitud con: “Un contenido introducido en la memoria humana se plantea y toma forma sobre los contenidos anteriores: lo viviente es aquello en lo cual lo a posteriori se convierte en a priori; la memoria es la función a través de la cual los a posteriori se convierten en a priori (Simondon, 2018, pp141)”.
  8. El término es synapergazesthai, que podemos desmenuzar como: syn: junto o con, apo: de o desde y ergazomai: trabajar o actuar. Puede entenderse como colaboración para lograr un objetivo común. Platón lo usa de forma semejante también en Rep. 443e.
  9. Esta frase puede leerse en el epitafio del matemático Bernoulli, estudioso de la espiral algorítmica, y podría traducirse como: «igual, habiendo cambiado, surjo nuevamente» o «mutante y permanente, vuelvo a surgir siendo el mismo».
  10. Entiendo por ello la existencia de una unidad orgánica que aún no ha sido conceptualizada, pero que ya ha sido experimentada y vivida, una brecha que genera una demanda de normatividad. Al respecto leemos en «Estado de excepción»: la necesidad crea su propia ley, la necesidad no tiene ley: «la teoría de la necesidad no es otra cosa que una teoría de la excepción», si una ley no sirve a la salvación común, no tiene eficiencia obligatoria. El autor discutirá entonces de cosas que no pueden ser disciplinadas por normas precedentemente establecidas (Agamben, 2019, pp. 65-74).
  11. «Phármakon» Perseus, Greek word study tool [Enlace].
  12. Sería más que pertinente ahondar en los conceptos de «patrones restrictivos y los mínimos necesarios».
  13. Podemos interpretar algo diferente en la lectura de su libro «Las Estrategias De La Reproducción Social», Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2014.
  14. [1] Wittgenstein, L. «Investigaciones Filosóficas», §271.
  15. Foucault, Michel (2012), «Vigilar y Castigar», Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, pp. 39.
  16. Iglesias, J.A – Pujó, H. (1970). «Amor de primavera» [Canción] en SP homónimo. Mandioca.
  17. En el texto en cuestión, «Sobre la técnica» (Simondon, 2017) podemos leer «una axiología del todo-o-nada».
  18. «Energética no-homogénea (fase preindividual designada mediante las nociones de “incompatibilidades potencializadas”, “disparidad entre órdenes de magnitud”, “puro potencial omnipresente”, y que remite a la realidad de lo potencial y lo problemático, instancia energética y metaestable que explica tanto la génesis absoluta cuanto el conjunto de transformaciones relativas que puede sufrir un sistema en proceso de individuación)». Heredia, J.M. (Lo psicosocial y lo transindividual en Gilbert Simondon, 2015). Disponible en: <enlace>. Fecha de acceso: 10 jun. 2023.
  19. Referencia a: Jung, C.G. – Wilhelm, R. (1961) «El secreto de la Flor de Oro. Un libro de la vida chino», Editorial Paidós, pp. 63. Para una mejor comprensión debemos pensar «diabolo» etimológicamente.
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  21. «James Adam, The Republic of Plato, book 6, section 511D» Perseus, Greek word study tool [Enlace].
  22. Hace alusión al fragmento de Anaximandro que nos ha llegado por Simplicio. Ver: Ordóñez Díaz, Leonardo. (2006). «La formulación del principio de inmanencia en el fragmento de Anaximandro». Tópicos (México), (30), 81-121. https://doi.org/10.21555/top.v30i1.195
  23. Se conoce como «ley de Moore» a la predicción de Gordon E. Moore acerca de la duplicación de transistores en los microprocesadores cada 2 años lo cual, entre otras cosas, incrementaría la velocidad de procesamiento. El estancamiento de dicha ley es una consecuencia del límite físico de la tecnología actual. En los últimos tiempos se ha comenzado a hablar de la «ley de Huang», inspirada en Jen-Hsun Huang, el CEO de NVIDIA. Esta ley se basa en la arquitectura de las GPU que, con numerosos núcleos trabajando en paralelo, ha demostrado ser especialmente efectiva en aplicaciones que pueden ser paralelizadas, como el procesamiento gráfico, la inteligencia artificial y el aprendizaje profundo.
  24. Rodríguez, H. (2022, January 21). La ciencia detrás del olvido. www.nationalgeographic.com.es. [enlace]
  25. Al respecto: De Castro Sánchez, S. «El “paso del mito al logos”: nacimiento de la Filosofía, eurocentrismo y genocidio» [enlace].
  • 26-07-2023 |
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