Del telón

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El mundo y la vida, el tiempo y el espacio, son ficciones manipulables, y habrá una realidad por cada ficción, por cada ser; porque cada ser es una realidad, una ficción.

Coexisten millones de realidades; vivimos sumergidos, en cierta medida, en ficciones ajenas enmarcadas en una ficción mayor. Hay patrones que difieren de este concepto, son seres que crean ficción y que, a su vez, son modificados por otras ficciones, tal vez engendradas para su desarrollo. Denso y enmarañado equilibrio supervivencial.

También vemos que hay partes y que éstas son tan importantes como el corazón del todo. Es como elegir que órgano del cuerpo humano es el último, todos forman un sistema. Hay partes manipulables y con eso partes que se pueden modificar, pero el accionar siempre es el mismo. Cuando el cuerpo cambie, la realidad también lo hará: cada uno, con sus acciones, realiza realidad y tironea para un punto el cambio. Si el cuerpo existe, no alcanzará a ser perfecto, pero si no lo hiciera, toda nuestra realidad sería inútil -y lo es-.

Entonces, un marco ficcionario, un telón, un cuerpo ficticio soporte para la realidad, totalmente modificable por las partes, pero muchas de ellas no lo ven así, entonces la maquina falla. Cuanto más diferenciadas están las partes, más quebrantamientos se ven en el todo hasta que la balanza cae y lentamente todo se va amoldando.

Ese es el método para todo lo que realiza el ser humano, incluso la ficción y las limitaciones de la realidad. Los dioses existirán o existieron dependiendo del balance entre las creencias, las fuerzas, el movimiento y las acciones que lo enmarcan. El telón siempre está ahí en espera a ser modificado. Lo complicado son los predicados en él, el fondo, lo que entretiene, la obra. El eje central que es eje y escenario.

Las palabras sagradas llegan al mismo punto: la unión de las especies y la fuerza de movimiento, la acción como eje. El ser humano se queda en las palabras, no inicia sus acciones.

Cuando se comprendan las ficciones milenarias se comprenderán todas a la vez; porque aquellas, las primeras, serán las últimas; las más difíciles de comprender, las madres del sin fin de interpretaciones que creamos por el desfasaje en la transmisión de ideas.

El humano se encuentra en un límite grosero de asfixia literaria. Los mecanismos del habla hacen estallar en mil la realidad, la deforma.

Una realidad por cada palabra aprendida, por cada sentimiento que toma nombre. Y todos son el mismo, el único.

Sin duda llega el quiebre, la mente exaspera, el telón no soporta ser soporte, va bajando y las cosas que pasarán detrás no se verán más que en nosotros mismos, más que para nuestras mentes, más que para nuestra historia. Esas cosas, tal vez oscuras, tal vez albas, darán el puntapié inicial en las relaciones humanas. Cuando el gigante de terciopelo se vuelva a levantar y la humanidad despierte de la pesadilla del cambio, llegará la tranquilidad.

¡En nuestras manos se encuentra el futuro de todo el cuerpo, Noble Animal! ¡Despierta! Aprende a convivir con los demás seres, esos que abrazan tu presencia, esos que asesinas para poder remediar tu supravivencia. ¿Acaso sabrás cuando dejar de disparar? ¿Sabrán tus manos abrazar el Todo y esperar en paz el renacer?

Las lágrimas oprimen mi garganta mientras escribo estas líneas, esta ficción que debemos seleccionar, archivar o desterrar de nuestras mentes. Camina y deja crecer el pasto, Atila milenario, aprende a leer los hechos sin esperar la división de tu espada.

Dejemos que en nuestro accionar mueran las ficciones teóricas y renazca la alegría de vivir; la acción, ficción en primera persona, la no-ficción pautada; la real realidad, mente y cuerpo viviendo a la vez en una, sin sustantivos, sin predicados, solamente el interior y el exterior en paz; el Ser y el Todo, el unísono y la resonancia; la vida sin muerte, sin razón aparente de coexistir en un ser vivo.


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