El viejo Falcon suena como un trueno en la cochera; la tormenta se consume cuando su motor se apaga. Las pesadas puertas se abren y cierran unas cuantas veces; la traba raspa el pestillo y los pasos se acercan como en embudo. Fueron segundos contados en silencio y miradas; uno, dos, tres. La cortina se abre para que su sonrisa nos traiga del sopor. Llegó, al fin estaba aquí. No tenía recuerdo alguno de su rostro, poco le importó: el abrazo borró las distancias y la ausencia. Remisión, reminiscencia.
2019.