De la imperfección II

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Tiempo atrás di predica que lo único que le pertenece al ser humano es la imperfección – error, posibilidad de, aprendizaje -, esto, justamente, es lo que nos hace humanos; hoy, me vuelvo a acercar a viejos estantes mentales de laberintos oscuros, derrochando palabrerías nocturnas.

En la aleatoriedad inherente al equilibrio –supervivencia de acciones y efectos en el tiempo-, lo Perfecto es lo que sucede, siendo las consecuencias inicios únicos para un fin desconocido posible pero no absoluto– y su evolución; equilibrio oculto.

Mientras, la perfección es el capricho de lo convencional -la regla, la norma-; solo donde existen convenciones existe lo Perfecto como perfección realizable y en lo convencional se oculta el equilibrio embelesado. Entonces, la perfección es hechizo de aquel que genera la convención para crear la necesidad de opresión en el oprimido; equilibrios artificiales. Imposición, convención y encaje.

Si las coordenadas no existen y lo perfecto no es más que una mera especulación de mesura justa entre la exageración codiciosa y lo posible, entonces ensalzo a los imperfectos. Cuanto menos perfecto se es, más se suele conocer acerca de la Idea Perfecta, de su costo y validez, de su falacia.

La idea no es idea, sino un punto de vista padecido por la luminosidad del Sol, porque lo Perfecto no existe en algo o alguien, sino en ficciones, las mismas que modifican el espacio antes de ser e hilan los cuerpos antes de deshacerse.


© 2007

Nota: Las teorías de lo perfecto parten de especulaciones lingüistas por agrupar y explicar conceptos que no necesariamente son correctos, sino al menos aproximados, desde la percepción. La evolución no repara en ello y en la alteración de la probabilidad se produce y crece en supervivencia no-predictiva, sino práctica, experimental.

(2019) Los excluidos de cada ejercicio de dominio suelen ser los que mejor comprenden al opresor, aquellos que se encuentran inmersos solo ven y viven la norma. Quien trasgrede un sistema social -el excluido-, con asiduidad, ha intentado pertenecer a distintas jerarquizaciones de dicho sistema, reconociendo – per se – el espacio que le es negado. El incluido, en cambio, ni siquiera suele reconocer la negación de espacios; meritocracia.

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