De gárgolas y ángeles nocturnos

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«Irrumpiendo en la escena histórica, agazapado, se encontraba el ángel nocturno. Solamente un par de acordes y la química comenzaba a funcionar…

– ¡Delinques si piensas en crecer!

Es tan solo un día en el que el doctor cree haber explotado un costado siniestro y el paciente se siente sano. Es tan solo un día en el que el paciente se impacienta y deja de creer mientras que el apresurado sigue presuroso su carrera sin haber nunca creído. Es tan solo un día en el que el apresurado baja su marcha y medita, y sana, y cura, y se vuelve siniestro y letal.

Así dicen los cuentos que leí, con final feliz y leyendas meritorias, que dicen que soy y siento y sin embargo mis ojos no brillan y no sé qué es verdad y no sé qué es lo que siento, ni lo que sigue al viento. Senil, siento.

Algo ha de cambiar, las gárgolas, ya sin luz, apenas haciendo sombras caerán y se desplomarán en el asfalto y los nuevos seres apreciaran la virtud de todos en todo su esplendor, en todo el paraíso, en toda su finitud y eternidad; porque los seres se abrazan a los cielos, porque los cielos siempre rondan las azoteas, porque las azoteas siempre tienen una breve cornisa para apreciar la infinidad».

Salto, asalto, a salvo. Roca, derroca, demora. Delinques si piensas en creer.


© 2007