Crecimiento

El ser humano, cuando crece, suele no asimilar su estado, etapa o condición mental. No olvidemos que, más allá de lo fisiológico, el «crecí miento» es solo un ecosistema mental.

Creemos que, por ganar responsabilidades, debemos quitar toda demostración de felicidad infantil -la felicidad por la aceptación de la misma felicidad, antesala de la felicidad como inestabilidad emocional pautada socialmente- o que, para no dejar de captarla, debemos hacer caso omiso a las responsabilidades o acciones vistas como adultas.

Tomamos moldes sociales y nos metemos dentro pensando que así debemos ser y, en realidad, el verdadero crecimiento poco tiene que ver con nuestro rol social -decrecimiento sistemático del deseo personal- ya que no es
un crecimiento físico -temporal y espacial- sino, espiritual o sensorial.

Van tan bien de la mano el desahuciamiento, la violencia y el disfraz que asusta con qué facilidad se nos puede controlar.

Es tanto el temor social inducido que debemos recluirnos en sustancias, guetos, escalas, niveles o cualquier síntoma
de falsa individualidad o agrupación identificatoria para destrozar la unidad en diferencias idiotas y desconsideradas.     


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