El desenlace

Edicto del mensajero:

Venimos a buscar sobrevivientes de la gran masacre. Venimos a limpiar el río; siempre es el mismo. Somos el agua que empuja la tierra. Somos la fuerza del giro. Somos aquellos que levantan su voz para sanar la herida.

Fuimos nosotros, sobrevivientes, los que hemos cometido aquel exceso. Fuimos nosotros quiénes, silenciosos, encendimos la mecha.

Nunca sangró el acero; sangran nuestras mujeres; gota a gota, tiñendo, en la negra tierra, vida. Sangra el futuro en sus vientres y el pasado en nuestra memoria. Sangra el dominó que comenzó su serpenteante desenlace y el presente que será lluvia revitalizante.

La noria llegó al punto de no retorno; la sangre ya no podrá domar el giro.

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