En el patio de mi casa brama, día y noche, una hoguera de recuerdos. No recuerdo cuando comenzó; mi madre tampoco. Todos los días pares me arrimo al fuego para evitar que uno, tan solo uno, caiga en las llamas.
Esta noche, tras contemplar y pasar por agua el «rescatado», me alejé de la hoguera como recuerdo en el aire. Sentí como el fuego cesaba a mis espaldas y la noche, aun sabiendo que nada sería olvidado y que las pesadillas se expandirían en nuestras camas, sonreía.
2019 (intertextualidad con «El exterminador Akásico» de 2005).