Ayer, de mañana

Mis ojos acompañaban atontados el acompasado movimiento de su gargantilla; tragó saliva y mis sentidos se hicieron presentes. Noté el peso en sus párpados y la búsqueda nerviosa en su sonrisa.

Con cierto temor, sin mirar a los costados ni estirar completamente los dedos, levanté mi mano. Sus labios se hicieron anchos como el sol en el amanecer, exhaló, menguantes, las palabras que nos pertenecerían: -Sabía que serías tú… -y el día se volvió mañana.

2018