
En la educación formal suele faltar equilibrio entre lo inherente y lo aprehendido; suele ser escaso el incentivo para manifestarse a través de actos que nacen de, por y para nosotros.
Lo curioso es que mientras la enseñanza del arte suele hacernos humanos, la de lo (llamado) exacto, eso que se inscribe en ciencias de, por y para los ‘hombres’, suele hacernos ‘demasiado‘ humanos.
El desconocimiento del proceso artístico nos suele llevar al menosprecio, minimizando tanto lo nacido de la expresión propia como de la ajena y, por decantación, del completo mundo del que proviene.
Olvidamos que arte es la acción, no (solo) la obra en sí.
2015
[Tweet «el #arte no es la obra, sino la acción; el como, por que y para que. no comprender esa pequeña diferencia suele llevarnos al menosprecio.»]
PD: me han retrucado cientos de veces que lo que hago lo ‘hacen todos los niños del mundo’; creyeron que era ofensivo, muy al contrario, fue un enorme y desmesurado halago.