Conceptos de soberanía en el siglo XXI

Soberanía: capacidad real de disponer suficiencia de decisión, sin factores externos intervinientes.

Palabras más, palabras menos; interpretaciones más, interpretaciones menos, de forma ideal, entendemos por soberanía la capacidad real de disponer suficiencia de decisión — dominio — , sin factores externos intervinientes. Desde este concepto iremos de lo general a lo particular, sin evitar mencionar la imposibilidad de una soberanía total, la toma de decisiones sin intervención.

En los tiempos que corren, dicha imposibilidad es fácil de detectar: las tecnologías no entienden de fronteras y su actualización es instantánea; estamos abiertos a su influencia global inmediata e imprevista; no hay vuelta atrás, el Ser global ya es un hecho. Por este motivo considero que, aquellos estados que lo consideren necesario deberán controlar su soberanía digital incluso, tal vez, antes que la física: lo externo no necesita de invadir físicamente el lugar que desea colonizar, la maquinaria de lo persuasivo funciona desde el sillón del hogar. Además, veo más que claro aquello que las fronteras reconocidas actualmente como determinantes respondían a estructuras de dominio y vínculo totalmente diferentes a los de hoy en día y, de por sí, ya no satisfacen nuestras necesidades; por este motivo creo central la importancia de la común-unidad de las Naciones — o agrupaciones semejantes, puntuales,de segmentación — y el surgimiento de una soberanía individual, extra localis, como el eje de la humanidad.

Como — hipotéticas — comunidades soberanas, nos enfrentamos a una realidad muy compleja desde el punto de vista de la libertad de expresión y libre circulación de la información; la guerra de sugestión juega al límite desde la apertura de fronteras, con el dominante filtrando lo que consideran nocivo para sus intereses y bombardeándonos con la continuidad de su influencia, defendiendo su necesidad de forma ejemplificante, aún con falsos ataques. Incluso me permito dudar del contenido, decisiones y mensajes que sentimos — y realmente se sienten — propios, ya sea como consumidores o productores. ¿Cuánto de libre hay en la circulación de nuestro contenido? ¿Cuánto de real hay en que el contenido que consumimos o producimos es, realmente, el que elegimos y no uno que se nos fue acercando a través de una sutil normalización de sugerencias? Desde que existe la curación de contenido y el feedback, uno y otro punto de la industria se manipuló como cual masa hablante.

¿Cuánto de real hay en que el contenido que consumimos o producimos es, realmente, el que elegimos y no uno que se nos fue acercando a través de una sutil normalización de sugerencias?

Volviendo al general, aquí es donde entra lo offline y la ética de filtrado para la soberanía de los Estados — mientras subsistan — : ¿es ético filtrar el contenido que consigue ser y poner en jaque nuestra soberanía? ¿es ético bombardear de información para ocultar o atacar esos contenidos que ponen en jaque nuestra soberanía? Hablo de un filtrado — a través de cualquier acción que funcione como tal — de doble circulación, tanto entrante como saliente. La propuesta, al menos inicial, sería desconectar nuestra red de la red de redes; montar servidores propios, incluso mantener completamente offline aquellos con información sensible a la soberanía digital. Soberanía y contra soberanía.

Ahora, ¿sería útil realmente esta desconexión?, ¿qué información es sensible a nuestra soberanía digital? El análisis de datos nos ha brindado la certeza que los datos faltantes se pueden deducir, dependiendo de la muestra y el expertise de quien la interpreta, sin problema alguno de los que se obtienen. Entonces, la soberanía digital parece ser aquello que permite el conocimiento necesario para influir en el actuar y pensar de una sociedad que es considerada diferente a quien realiza dicha influencia. Me pregunto: ¿nuestro Estado sería un diferente a nosotros también?

Soberanía digital: representación de una comunidad en lo digital — virtual — y cualquier tipo de reacción o interacción que ésta produzca.

Ampliando el concepto podríamos decir que, soberanía digital, es la representación de nuestra vida y actuar en, con y a través de lo digital y el feedback o reacción de esta en lo cotidiano. Creo que nuestros gustos y preocupaciones son parte crucial de ese algo que, aún, dispone de fronteras; ese algo que comienza a extinguirse, perdiendo valor de diferente en la explotación de los datos. Hilando fino: el diseño UX-UI, la temática, comandos y misiones de los juegos que juegan nuestros niños, la zanahoria que nos muestran todas las aplicaciones y el contenido que consumimos día tras día, inciden y hacen la soberanía digital.

Notarán que no he nombrado aun a la privacidad; considero que la privacidad es a la soberanía lo que hábitos saludables a las enfermedades virales: el todo puede modificar a lo individual, a lo particular, por más que lo particular se cuide; la persuasión como mecanismo de inducción es aún más fuerte que lo presunto individual y secreto. En breve, la vigilancia será tal que lo individual será offline; mejor dicho: la persona no vivirá conectada por decisión propia, sino que la conectividad la encontrará y lo privado será deducible.

Entonces, creo que el futuro se dirime hoy en la globalización física -sentida- y la digital que, considero, deberá resguardarse fuera de línea; podríamos mantener la común unidad de ese algo fuera de lo online a través de redes comunitarias, tecnología solidaria; la defensa de aquello que suele — solía — llamarse Patria. Para ello, creo, debemos educar, cuanto antes, la afectación de estas maquinarias de persuasión; una suerte de decodificación de la persuasión informativa a través de una contra persuasión, una vez más aparece el — artificial y supuesto — equilibrio de lo que es y no se puede evitar, lo impuesto por el dominante sigiloso que necesita ser adaptado. Considero que, si deseamos conservar fortaleza en lo propio — ¿qué es lo propio? — , esto debe hacerse antes del paso final a lo global, para que cuando llegue la ola preparemos nuestro cuerpo a la embestida. En este punto creo que existen naciones fuertemente preparadas para este tipo de dominio — ¿o quizás nos han llevado conscientemente a este tipo de dominio, a su área de influencia? — y otras que han dejado pasar la posibilidad de una mejor posición por falta de visión o desconocimiento del dominio sigiloso; así mismo, comprendo la indiferencia de muchos en cuanto a la propia subsistencia cultural.

La libertad no se quita, se esconde.

Más allá de las costumbres creo que, con el paso al ser humano global, las necesidades primarias primitivas se deberán saciar en el ámbito comunitario local y regional; todo lo demás pasará a ser global — impuesto por el dominante — . El cambio de paradigma es radical. Considero importante fortalecer lo comunitario ya que, desde mi punto de vista, el mercado laboral que influye de forma directa en las estructuras de poder pasará a manos de la inteligencia artificial y la población vivirá del resurgimiento y actualización de tareas antiguas que, por años, fueron menospreciadas para completar el avance de dicha estructura de poder y sus relaciones. Hoy, el juego de dominación cultural — persuasión y pacificación — es el centro, apresurado por las tecnologías, impulsando herramientas intelectuales más allá de las necesidades primarias.

La libertad no se da ni se quita, se esconde, se camufla detrás de patrones reconocidos y conocidos a través de necesidades inducidas, a través de lenguaje.

Diego Baigorri
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