Cesar

Las flores se tornan blancas y dejan ver el fruto; la acidez se reanuda promiscuamente dulce en la calidez de septiembre. Limones, naranjas y pomelos; la transición fue tardía. Cuando el invierno quema y cesa es anuncio que dejará de ejercer su presente; ya ves, el frío que resquebrajaba nuestro rostro en lento andar se encontraba fuera de tiempo y lugar, no nosotros.

Anomalías de la memoria colectiva; llega un último estremecimiento que recorre mi cuerpo, sonrío y susurro: «Calma, ya pasará, conocemos el estado; te abrazo. Tiempo atrás, también sufrimos la pérdida del presente»; como un rayo al costado del camino.

Olvidó sonreír y mi sonrisa. Sus ojos, quebrantados en confusión como vidriosos espejos de colores hexagonales, latían en desasosiego; carbón, esmeraldas. La tensión revelada lo colma al punto de convertirse en vapor de chimeneas silbadoras: su flor no será la última semilla. Todos seremos fósiles de algún presente; el sueño americano es tómbola de la tiranía.

Los berrinches de aquel que no reconoce el tiempo que transita se asemejan al del infante cuando el dulce no es correspondido. Lo dicho: la acidez se reanuda promiscuamente dulce en la calidez de septiembre.

2019, intertextualidad con «Noción: El ensayo de la vida», 2015.