Descifrando a Biznikke

Nunca me gustaron los acertijos ni las adivinanzas, siento como un baldío en primavera la trampa nacida para extraviar, adrede, nuestras neuronas hacia una solución; laberintos, Faunos. A decir verdad, no detesto al acertijo en sí, sino a la necesidad de aquellos cráneos que adoran actuar tal brújula apuntando al sudeste. Siendo aún más sincero debo reconocer que disfruto el éxtasis de llegar a buen puerto, sentir explotar mi vanidad

Pan americano

«El género se construye culturalmente». Judith Butler Lunes Era invierno, el pronóstico en el celular daba noticia de que las nubes taparían completamente la visibilidad del cielo. Al llegar al parque quité la mirada de la vereda – vainillas rosadas, bicisenda, hombre, árbol – y apagué la música para pensar en mudarme a las estrellas: Capella, Polar, Casiopea. Una vez más las probabilidades estaban equivocadas; engaño, ceguera, libertad. Ellas estaban

Rosa de Cheshire

Eran las tresde la mañanaMarías. La risa – rosa – florecía en silencio, abriéndose lentamente; cartulina arrojada en compresión. En ocasiones prevalecen otras sirenas; la pertenencia fue una de ellas: veneno del lenguaje, semilla de carencia. – ¿Cómo puedes vivir sin preservar identidad? – 1, 2, 3… – ¿cómo puedes vivir preservando solo una? – Otro acento azul – y Francia – fue replicado en aquel árbol cuando el gato

Cesar

Las flores se tornan blancas y dejan ver el fruto; la acidez se reanuda promiscuamente dulce en la calidez de septiembre. Limones, naranjas y pomelos; la transición fue tardía. Cuando el invierno quema y cesa es anuncio que dejará de ejercer su presente; ya ves, el frío que resquebrajaba nuestro rostro en lento andar se encontraba fuera de tiempo y lugar, no nosotros. Anomalías de la memoria colectiva; llega un

El desenlace

Edicto del mensajero: Venimos a buscar sobrevivientes de la gran masacre. Venimos a limpiar el río; siempre es el mismo. Somos el agua que empuja la tierra. Somos la fuerza del giro. Somos aquellos que levantan su voz para sanar la herida. Fuimos nosotros, sobrevivientes, los que hemos cometido aquel exceso. Fuimos nosotros quiénes, silenciosos, encendimos la mecha. Nunca sangró el acero. Sangran nuestras mujeres; gota a gota, tiñendo, en

Bailarina

Ella duerme cómo bailarina. No sé si estará entre tambores y danzas o si solo es una pose. Tampoco sé en que posición duermen las bailarinas, siquiera que sueñan. Solo sé que ella parece bailar entre sábanas que, en breve, su edad pedirá renovar. La gracia de su mirada escondida se resiste a un cuerpo que manifiesta, en la penumbra, música cautiva. Silencios de danza inerte; corchea, fusa y semifusa.

La gota

Hoy me fundí en la gota de agua que descansaba en la tira de tu malla secando boca abajo en el tender; la noté por el reflejo que la preñó de luz entre cantos de grillos, motores yirando y el humo en escalera que colmaba un globo aerostático de luciérnagas; estrellas. La luz le dio cuerpo, desvaneciendo su transparencia, para hacerla presente entre tanto espacio vacío. En unas horas, seguramente,

Pomelero

El sol se filtra entre el pomelero. El espacio es mínimo y, sin esfuerzo, sin cansancio, sin violencia, pasa por ahí. ¿Cómo pasa por ahí? ¿Será que se refleja en sus hojas? ¿Será que un espíritu juega con un espejo en ese punto exacto y nos representa al sol más allá del pomelero? Soy un gato queriendo apresar el reflejo. El tiempo, la memoria y las semejanzas, [di] simuladas. –

Relato infinito

Juntos contaremos un relato que tratará acerca de todo lo que imaginas cuando dices que imaginas; solo cuando y cuanto imaginas, sea vivido o viva en la fantasía del sueño de lo aparecido o por aparecer. Así, hablará de todo lo sucedido y todo lo que sucederá, incluso de las pausas mientras lees, el aire que invade tu cuerpo al inhalar, las miradas pensativas, tus sonrisas; el cielo. Vamos, juntos