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Entre lo efímero y lo eterno

Temerosa inquietud que invade la sien y obliga resolución urgente. Mis ojos, tomando la curva de mi hombro derecho, observan como se desvanecen los fantasmas en la desahuciada soledad de la noche. La pregunta actúa como olas en la arena a la orilla del mar. Mis venas sudan frío, mi frente condensa la habitación en pequeños terrones de azúcar; me encuentro en medio.

Es entonces cuando, sigilosamente, percibo mensajes entre lo efímero y lo eterno; mensajes que no podré descifrar o describir.

Adjetivizar es peligroso cuando no comprendemos lo efímero de la percepción conceptual y la eternidad de lo excluido; cuando aseveramos despojamos variables y potencialidad sagrada y eterna. Entonces, la educación que se gestiona en lo cierto pautado, es nido de marginalidad.

Comprendo que en ese reducto de aprendizaje los peces tienden a trabajar las debilidades propias en sus descendientes sin concebir sus fortalezas, llevándolos a temer lo inútil y desear lo impotencial. Disfrazan la discriminación de lo escaso con palabras como sueños, metas, esfuerzo y constancia y otros elementos nocivos.

Para los peces soñar no implica la auto-mutilación de branquias o el anexo superfluo de alas y cuernos, sino un acto en el cual explotar al límite las exigencias personales y contextuales. Un pez necesita el agua, sus corrientes y el sedimento.

Sabemos, gracias a evoluciones artificiales, que la «exigencia» no se defiende sin antes hacernos completamente aptos o completamente inútiles. También, seamos efímeros o eternos, comprendemos que la exigencia es nada si la equidad se pierde y que la desidia nace por la confrontación de deberes y derechos caprichosos con la potencialidad personal y social real.

Hoy me encuentro allí, en la duda inicial entre ser efímero o eterno, perderme o encontrarme, gritar o escucharme. Ave.

(2016)

Publicado en Ensayos