Saltar al contenido →

Aorta

Dicen que existía un hombre que vivía una vida y soñaba otra. Dicen que los horarios y el tiempo no eran su mejor percepción por lo que confundía una con otra sin la menor distinción de cual era cual.

Esa mañana despertó sin saber si el día era día o solamente una cualidad imaginaria que nacía en la oscuridad de su cuarto.

Miró a su izquierda, donde un vaso de agua con burbujas denotaba un tiempo notable de inacción, luego a su derecha, descubriendo que a su lado se encontraba su esposa.

-Estoy en la correcta -dedujo con cierta confusión- debo apresurarme, esta vez, esas cuentas no se pagarán solas

Tomó el pantalón azul gastado, la camisa y los zapatos y se dirigió al comedor.

El ruido de la perilla de la luz debió continuarse con una tenue iluminación de veinticinco watts, pero la escena seguía sombría. Con la tormenta como acompañante, a medio vestir, caminó hacia la alacena y buscó un repuesto. Sin éxito, decidió sacrificar la su velador.

El chillido de la lámpara se multiplica en mil por el silencio y despertó a su esposa que desde la habitación balbuceó:

-De momento deja esa allí, en la tarde veré si consigo algo de dinero para comprar otra…

-Shhh… duerme, compraré una al terminar el turno o sacaré otra más del pasillo del hotel, nadie lo notará.

Luego de desayunar «agua sucia» con dos galletitas rancias emprende el camino hacia el trabajo. Era albañil y se encontraba haciendo unos arreglos en el pequeño hotel del pueblo.

Dicen que en una de sus vidas amaba a su esposa y solo se acostaba con su amante y, en la otra, amaba a su amante y solo se acostaba con su esposa.

Sus días continuaron irremediablemente, sin decidir cual era el sueño y cual la vigilia.

(2006)

Publicado en Cuentos