Añejo

Tras varias lunas de meditación llegué a la decisión de continuar indeciso; nuevo, menguante, lleno, creciente.

El placer de la proyección genera un júbilo contenido en mi ser. Necesito considerar, en menor o mayor medida, las alternativas y variables; todo. Así, llegué a comprender la exigencia de permanecer inmóvil, tal limón en mediados de otoño, esperando la helada para mostrar mi oro.

Soy pasa seca en un otoño inagotable, fui intención; regocijo de inacción. Seco. Senil. Atascado. Añejado: uñas, cabellos y dientes, nada más.


2019

Sea

Los pasos se vuelven sordos en verano y crujiente es el silencio enredado en tallos amarillentos y deshidratados 一otra vez no va a pasar, me lo voy a asegurar一. Las frases se hacen y deshacen en mi cabeza 一ahora vas a ver一, el calor quema en la llema de mis dedos y mi mente niega el misterio 一¡nunca más!一. Me agacho, cubro mi rostro con manos temblorosas 一¡no, señor!一, me silencio y, tras besar mis dedos índices enfrentados 一¡jamás!一, tomo coraje y el grito sale atronado: ¡SEA!


2018

A volar

Yo, tenía quince años menos que hoy. Ella, ya estaba allí cuando llegué. Era el ser más hermoso que había visto en mi vida. Los minutos pasaron, nos miramos, se fue y yo me quedé, como un chorlito, en silencio.

Entonces, acongojado por mi timidez, decidí salir a tomar aire al balcón. Asombrado noto que ella ya estaba allí. Los minutos pasaron, nos miramos, se fue y yo me quedé, como un chorlito, en silencio.

En ese momento decidí aprender a volar.


2018

Ayer, de mañana

Mis ojos acompañaban atontados el acompasado movimiento de su gargantilla; tragó saliva y mis sentidos se hicieron presentes. Noté el peso en sus párpados y la búsqueda nerviosa en su sonrisa.

Con cierto temor, sin mirar a los costados ni estirar completamente los dedos, levanté mi mano. Sus labios se hicieron anchos como el sol en el amanecer, exhaló, menguantes, las palabras que nos pertenecerían: -Sabía que serías tú… -y el día se volvió mañana.

2018

Clöt

I: Del nacimiento

Caminaba entre pesares por un gran cañón cuando, de repente, la noche cayó de a gotas, como chaparrón de verano; la luna se congeló en un azul grisáceo y el silencio se escabulló entre grillos y hojas, haciendo del fuerte viento un leve silbido, de esos que no podemos aseverar si en realidad existen o son una simple molestia en nuestros oídos.

Es entonces cuando me llama la atención un pequeño fruto a medio pudrir en el suelo que, al ser notado, comienza a inflarse hasta convertirse en una gran pelota blanda, cambiando de tonalidad en concordancia con las luces proyectadas de su interior. Una figura crece en ella, mutando segundo a segundo.

La gran pelota estalla y de ella emerge un pequeño ser baboso y pálidamente amarillo respirando violenta y excesivamente. Mis adentros sienten la necesidad de una propuesta de acción; en respuesta, aparece una improvisada boca justo en el centro del misterioso ser.

-Clöt… -murmura casi sin gesticular

-Ho…

-Hola -responde y comienza a girar hasta perderse en la distancia y el día aclara.

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El Fruto

La oscuridad reinaba en los pasillos, las habitaciones y el comedor; los inquisidores lo señalaban en la oscuridad. Él calló; calló por siempre y por siempre cayó.

Su voz, mutilada en la vehemencia, se anudó al silencio: su culpa era culpa de la culpa. «¡Dios!», no había culpables. Lo sucedido fue resultado del mero trajín de la vida vivida en conductas arraigadas que no se encontraban en resonancia con su ser, siendo, a la vez, causa del crecimiento y florecimiento continuo del fruto del castigo; ciclo que corroe, ciega, calla y somete.

Aún en su tempestad reconoce que, al madurar, besará el suelo y sus restos formarán nuevas vidas, nuevos soplos, nuevos seres.

2005.

Última guerra

– ¡Escucha! son los gritos sordos de la última guerra…

– ¿Cuál última guerra?

– ¿Es que acaso no hubo esa última guerra?


2005

Té de amapolas

Tengo en mis manos el más ferviente recuerdo de mi madre, el único que guarde junto a su fotografía y su ciencia: el Tomo VI del Diccionario Enciclopédico Popular Ilustrado, aquel impreso en Barcelona, aquel con el cual recorrimos en segundos Londres y miles de territorios más sin salir de nuestro hogar. Sin olvidar sus palabras subrayadas con vidriosa mirada, al fin comprendo su significado: ¡Hermoso el Támesis! ¡Hermoso! ¡y el grandioso Ben siempre la misma hora! La eterna.


2005