Rosa de Cheshire

Eran las tres
de la mañana
Marías.

La risa – rosa – florecía en silencio, abriéndose lentamente; cartulina arrojada en compresión. En ocasiones prevalecen otras sirenas; la pertenencia fue una de ellas: veneno del lenguaje, semilla de carencia. – ¿Cómo puedes vivir sin preservar identidad? – 1, 2, 3… – ¿cómo puedes vivir preservando solo una? – Otro acento azul – y Francia – fue replicado en aquel árbol cuando el gato partió a Cheshire y las manzanas cayeron.

2019.

Cesar

Las flores se tornan blancas y dejan ver el fruto; la acidez se reanuda promiscuamente dulce en la calidez de septiembre. Limones, naranjas y pomelos; la transición fue tardía. Cuando el invierno quema y cesa es anuncio que dejará de ejercer su presente; ya ves, el frío que resquebrajaba nuestro rostro en lento andar se encontraba fuera de tiempo y lugar, no nosotros.

Anomalías de la memoria colectiva; llega un último estremecimiento que recorre mi cuerpo, sonrío y susurro: «Calma, ya pasará, conocemos el estado; te abrazo. Tiempo atrás, también sufrimos la pérdida del presente»; como un rayo al costado del camino.

Olvidó sonreír y mi sonrisa. Sus ojos, quebrantados en confusión como vidriosos espejos de colores hexagonales, latían en desasosiego; carbón, esmeraldas. La tensión revelada lo colma al punto de convertirse en vapor de chimeneas silbadoras: su flor no será la última semilla. Todos seremos fósiles de algún presente; el sueño americano es tómbola de la tiranía.

Los berrinches de aquel que no reconoce el tiempo que transita se asemejan al del infante cuando el dulce no es correspondido. Lo dicho: la acidez se reanuda promiscuamente dulce en la calidez de septiembre.

2019, intertextualidad con «Noción: El ensayo de la vida», 2015.

El desenlace

Edicto del mensajero:

Venimos a buscar sobrevivientes de la gran masacre. Venimos a limpiar el río; siempre es el mismo. Somos el agua que empuja la tierra. Somos la fuerza del giro. Somos aquellos que levantan su voz para sanar la herida.

Fuimos nosotros, sobrevivientes, los que hemos cometido aquel exceso. Fuimos nosotros quiénes, silenciosos, encendimos la mecha.

Nunca sangró el acero; sangran nuestras mujeres; gota a gota, tiñendo, en la negra tierra, vida. Sangra el futuro en sus vientres y el pasado en nuestra memoria. Sangra el dominó que comenzó su serpenteante desenlace y el presente que será lluvia revitalizante.

La noria llegó al punto de no retorno; la sangre ya no podrá domar el giro.

(C) 2019

Bailarina

Ella duerme cómo bailarina. No sé si estará entre tambores y danzas o si solo es una pose. Tampoco sé en que posición duermen las bailarinas, siquiera que sueñan. Solo sé que ella parece bailar entre sábanas que, en breve, su edad pedirá renovar.

La gracia de su mirada escondida se resiste a un cuerpo que manifiesta, en la penumbra, música cautiva. Silencios de danza inerte; corchea, fusa y semifusa. Silencios veloces, intermitentes; burgueses. Sus pesados párpados pintados en degradé por el cansancio y sus nutridas pestañas no me lo impidieron: cruzamos las miradas y nos dijimos Hasta mañana. Entonces, danzará, una vez más, y yo dejaré atrás la imperceptible añoranza de sus mañanas y tardes; el alto volumen de su risa. Fluorescencia.

Ella si sabe con qué sueñan las bailarinas y yo, sueño con ella.

(2019)

La gota

Hoy me fundí en la gota de agua que descansaba en la tira de tu malla secando boca abajo en el tender; la noté por el reflejo que la preñó de luz entre cantos de grillos, motores yirando y el humo en escalera que colmaba un globo aerostático de luciérnagas; estrellas. La luz le dio cuerpo, desvaneciendo su transparencia, para hacerla presente entre tanto espacio vacío.

En unas horas, seguramente, nos pedirás acurrucarte entre nuestros sueños; descansos de lo cotidiano que esperan agazapados el momento cuando. Entonces te hablaré de aquella gota. Diré que, en realidad, no tiene luz y que el brillo en nada cambia su naturaleza, siquiera en cuanto la belleza que le reconocimos; fuimos nosotros quienes lo construimos. Con esto intentaré explicarte que la luz es alivio para quienes temen la oscuridad, dándole el consenso necesario para erigirse frente a lo oscuro como diferente y estimulando su percepción. Intentaré ejemplificar que, aun cuando todos te manifiesten en penumbras, debes recordar que la gota siempre fue gota y la luz un amuleto para quienes no supimos apreciarla por vivir entre nieblas.

Somos gotas; somos canto.

(2019)

Pomelero

El sol se filtra entre el pomelero. El espacio es mínimo y, sin esfuerzo, sin cansancio, sin violencia, pasa por ahí. ¿Cómo pasa por ahí? ¿Será que se refleja en sus hojas? ¿Será que un espíritu juega con un espejo en ese punto exacto y nos representa al sol más allá del pomelero? Soy un gato queriendo apresar el reflejo. El tiempo, la memoria y las semejanzas, [di] simuladas.

– No, no se filtra por el pomelero, sucede que las hojas son transparentes – me acerco, inspecciono: textura, color y olor; asiento extrañado, dudando de la certeza.

– ¿Y los frutos?

– También.

– ¿Y las sombras? ¿Por qué hay sombras?

– Porque no hay pomelero.

2019.

Relato infinito

Juntos contaremos un relato que tratará acerca de todo lo que imaginas cuando dices que imaginas; solo cuando y cuanto imaginas, sea vivido o viva en la fantasía del sueño de lo aparecido o por aparecer. Así, hablará de todo lo sucedido y todo lo que sucederá, incluso de las pausas mientras lees, el aire que invade tu cuerpo al inhalar, las miradas pensativas, tus sonrisas; el cielo.

Vamos, juntos contaremos el relato infinito, tan infinito como el pensamiento, con o sin permiso de inspiración. Será mi presente y tu futuro; abrázanos, seamos en unión y despedida.

Ven a visitarnos cuando lo desees.

2019.

Elipsis

¿Como han llamado al meteorito?, Prometeo, también el ángel caído y miles de voces más. Una pausa se hace, el reloj no corre; afonía. ¿Cuál ha sido el regalo?, Una manzana, una piedra, fuego, decisión; Sísifo ha vuelto su mirada a la cima, Nunca comprenderá el porqué, pero lo sigue haciendo.

Desde un rincón se produce la elipsis; el tiempo tampoco corre ni vuela: se deshace. ¿Qué crees que estará esperando?, No creo que espere, creo que trabaja y apresura, ¿Para qué?, Desea regresar. Al menos el regalo sabe a bendición; afonía. La aguja reanuda su marcha y, entre punto y línea, se escucha: Muchos regresarán.


2019

Completo

Anoche no soñé.

-y no me importa en lo más mínimo-.

Hoy, despierto.

-tregua y suspiro-.

Completo.

2019.