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Sobre mí

Las 1001 canciones…

La ‘China’ atenta

Dentro de toda una gama de sensaciones, sentimientos, genialidades, objetividades y subjetividades, el arte contiene un gran efecto de ‘siempre nuevo’. La vida y los sucesos en ella pueden transformar la importancia y la patía hacia con una obra.

Hace unos días escuché ‘Esos locos bajitos‘ de Joan Manuel Serrat, hasta ahí, nada nuevo bajo el sol, una canción que resonó mil veces en mis oídos, tanto por ‘causalidad’ como por ‘casualidad’. ¿La diferencia? Estaba con mi ‘China‘ en brazos. Resultado, la 1001 resultó ser totalmente diferente, la emoción no tardó en llegar.

Podemos escuchar la misma canción 1000 veces que a la 1001 ‘es otra’. Esto lo podemos trasladar a cualquier aspecto de la vida, desde una simple frase familiar (esas que son como la gota que erosiona la roca) hasta una poesía ‘borgeana‘; pero músicalmente y ese día particularmente, la respuesta fue instantánea y el ‘sentimiento del sentido’ se trasmitió y mostró nítido/diferente para mi. Seguramente que las otras mil también pudieron significar cosas, pero justo en esta se dio todo para ‘leerla’ sensiblemente con entidad como para grabarse en la memoria como un ‘cielo’.

Lo mismo me pasa con mis obras, soy confeso devoto de ‘la muerte del autor‘: una vez que termino la obra ya no me pertenece. Fue un momento y en el futuro le pertenecerá a otros momentos y sentimientos encontrados o no; lo que es decir: podrá ser como contemplar apaticamente una cortina, o deslumbrarme con La vocazione di San Matteo.

Muchas veces, las últimas percepciones terminan por dejar un escalón debajo el nacimiento de la obra o su primera impresión, sea ‘propia’ o no.

Algo semejante me pasó con la canción Amanecer. En su momento fue compuesto por un motivo y para una persona, al pasar el tiempo, fue tomando otra dirección hasta sentir que el motivo no era el motivo. Será una obra con significado y sensaciones muy abiertas, desde el vamos, los primeros oyentes de la canción y en la grabación misma me lo han dicho…

En unos de los tantos ‘recitales’ realizados para mi China, cuando comencé a ‘entonar’ Amanecer esbozó sonrisas continuas, en las partes donde queda el coro limpio, balbuceó. Ahora cada vez que la escucha, en vivo o en grabaciones, ‘canta’ (bueno, balbucea)… Así, casi sin quererlo, llega otro significado, otra situación, otra canción…

-¿Para quién la compusiste? -preguntó Primavera, sin dudar y tal vez por poco ‘tacto’ para con la mentira, le respondí con la verdad. Si ahora me preguntan nuevamente, sinceramente diría: no sé. Hay canciones (¿o todas?) que son de cualquier momento y lugar en el que uno se sienta así. Por eso muchas (o todas) las obras de arte son para nadie y para todos a la vez, simplemente por y para la vida.

Podemos adaptar cualquier obra al momento y/o a situaciones puntuales ‘mil y una más’ veces, esa es la ‘magia’ del arte, de las sensaciones a flor de piel, de ese lugar donde, tarde o temprano, todos (o la gran mayoría) vamos a estar, tal vez ‘sin ser los mismos’.

Un abrazo.

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+ Obra ‘1001’